¿Quién manchó, quién rasgó mis sábanas de lino? donde esperé morir —¡Oh, mis lienzos castos! De mi exiguo jardín los girasoles altos ¿Quién los arrancó y los echó al camino?
¿Quién rompió (¡qué furor cruel y simiesco!) la mesa donde ceno —tabla tosca de pino? ¿Y esparció la leña? ¿Y derramó mi vino? —De mi viña el vino acidulado y fresco...
De tu sepultura, no te levantes pobre madre mía, mira la noche, mira el viento. La casa nueva ardía y el fuego de mis huesos va a extinguirse en breve.
No vengas más al lar. No vagabundees más. Alma de mi madre... no andes ya en la nieve mendigando de noche a las puertas de los demás.