Sin ti la soledad vuela en la casa,
a ceniza me sabe la comida.
Tengo un grito perdido en la cabeza
y una amargura rota entre los dientes.
La duda apenas cubre mi cerebro,
la miel tampoco endulza mi saliva.
Es salvaje la luz de tu delirio,
es ácido el recuerdo de tu soga.
No me tengas así ya más, en muerte;
la libertad suplico de esta cárcel.
Ábreme el corazón, si quieres, come.
Se caníbal, amor, me muerdas toda.