Tan sereno el cielo iluminado
en rosa pálido sobre los árboles
que guardan su follaje y entre las ramas
desnudas pero preñadas de negros
botoncitos que viajan hacia el verde
ya llegando y ya casi en septiembre
la brisa se aquieta la luz de la luna
redonda hacia el este y todos los trinos
variados, oscuro es aquél, brevísimo
en solo tan dulce y tan hondo o graznando
las pavitas del monte, bienvenida,
sé gentil, noche majestuosa en la última
frontera de luz se agradece el día
y se teme y se anhela que nos guarde
en el sueño para llegar nuevamente
al próximo encantado de dicha o
de horror pero nuestro, día, al fin