¿Quién manchó, quién rasgó mis sábanas de lino?
donde esperé morir —¡Oh, mis lienzos castos!
De mi exiguo jardín los girasoles altos
¿Quién los arrancó y los echó al camino?
¿Quién rompió (¡qué furor cruel y simiesco!)
la mesa donde ceno —tabla tosca de pino?
¿Y esparció la leña? ¿Y derramó mi vino?
—De mi viña el vino acidulado y fresco...
De tu sepultura, no te levantes pobre madre mía,
mira la noche, mira el viento. La casa nueva ardía
y el fuego de mis huesos va a extinguirse en breve.
No vengas más al lar. No vagabundees más.
Alma de mi madre... no andes ya en la nieve
mendigando de noche a las puertas de los demás.
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Engañada se abrió una rosa brava… – Camilo Pessanha
Engañada se abrió una rosa brava
en invierno: en el viento hela marchar…
¿En qué piensas, mi bien? ¿Por qué callar
las voces con que ha poco me engañabas?
¡Castillo loco! ¡Qué pronto caíste!
¿Dónde vamos, ajeno el pensamiento,
cogidos de la mano? Hace un momento
nuestra estrecha mirada, ¡y ya tan triste!
Sobre nosotros cae nupcial la nieve,
sorda, triunfante, recubriendo leve-
mente el suelo, en acrópolis de hielos. ..
¡Rodeando tu rostro hay como un velo!
Tántas flores, ¿quién las echa del cielo,
sobre nosotros y nuestros cabellos?
Camino -Camilo Pessanha
Un día en el camino me encontraste
siguiendo el rastro de algo que no sé.
Con un ¡buen día! yo te saludé,
que yendo solo la jornada es grande.
Está muy lejos y hay muchos espinos!
Descansaste, también yo descansé…
y donde te acodaste me acodé,
bebiendo tú y yo del mismo vino.
Está en el monte crespo, solitario.
Corta el pie como piedra de calvario.
¡como la arena quema!… Mientras tanto
lloramos el dolor de cada uno…
y el vino en que lloraste era común.
Tuvimos que beber del mismo llanto.
¡Esbelta surge! ¡Viene de las aguas, desnuda… – Camilo Pessanha
¡Esbelta surge! ¡Viene de las aguas, desnuda,
gobernando una concha inmaculada!
Las caderas flexibles, los senos palpitantes…
Muere mi boca por besar tu boca.
¡Sin vil pudor! ¿De qué hay que avergonzarse?
Soy un hermoso joven, casto y fuerte.
¡De blanco pecho! -que la muerte acoja…
Aunque la infame deba ahora esperar-.
Creyendo que es la hidra voy a acabar con ella
yendo a la roca donde creo que estás,
con los cabellos escurriendo agua,
e ir a inclinarme y desmayar de amor,
bajo el fervor de mi virginidad
y mi pulso de joven gladiador.