Arrabales – Verónica Aranda

La ciudad tenía cuatro ríos
y en sus arrabales
de humareda culpable
asaban animales diminutos
que hacían pensar
en los cuadros del Bosco.
En una intimidad
fría como las aguas
de aquellos cuatro ríos
que interrogaban náufragos,
su piel era ribera
o su ribera, piel
en un deseo sitiado.

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