Todas las entradas por Ricardo Fernández

Aficionado a la ciencia ficción desde hace más de 40 años. Poeta ocasional y lector de poesía, novela negra, ensayo, divulgación científica, historia y ciencia ficción.

Los amorosos – Jaime Sabines

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.
Los amoros son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.

Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

Eduardo – Luis Antonio de Villena

Según Baudelaire la belleza
es una mezcla impune de voluptuosidad y tristeza
melancólica: Baudelaire era romántico.
Los clásicos ven y levantan
una belleza más fría. No hielo o de hielo, cálidamente
imperturbable, lejana, aunque cerca, viva, tremante…
Recuerdo tus ojos como dos lagunas en azul,
tus labios hechos de pasta de flores,
el caballete egregio de tu nariz,
tu cuerpo alto, esbelto, que todo lo decía no diciendo apenas.
Belleza perfecta, inmóvil, inmisericorde,
belleza que yo miré infinitas veces y no alcancé y alcancé nunca.
Belleza que desee fuera del tiempo,
hermosa, tierna, gélida, caliente.
Belleza de carne, flores, gema y sacrificio.
Belleza de la belleza que hoy, viva, siempre viva,
melancólica y voluptuosamente,
me hace lagrimear como un orate…
Tú, aún tú:
Impertérrita, impertérrito.

Canción de amor de una muchacha loca – Sylvia Plath

Cierro los ojos y el mundo entero perece;
Levanto los párpados y todo vuelve a nacer.
(Creo que te inventé dentro de mi mente.)

Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
Y una arbitraria negrura entra galopando:
Cierro los ojos y el mundo entero perece.

Soñé que me hechizabas hasta tu cama
Y enfebrecido de luna cantabas, locamente me besabas.
(Creo que te inventé dentro de mi mente.)

Dios se tambalea desde el cielo, los fuegos del infierno se desvanecen:
Salen los serafines y los hombres de Satán:
Cierro los ojos y el mundo entero perece.

Gustaba de pensar que regresarías como dijiste,
Pero envejezco y me olvido de tu nombre.
(Creo que te inventé dentro de mi mente.)

Debí haber amado al Ave de Trueno en vez;
Al menos con la primavera entre rugidos regresa.
Cierro los ojos y el mundo entero perece.
(Creo que te inventé dentro de mi mente.)

Mudar de piel – Lina Zerón

Lo difícil es mudar de piel
la primera vez.
Después…
Oteas como un diafragma fotográfico
el cuerpo, su intemperie
luego las clandestinas caricias
las voces en murmullo,
los besos tras la puerta
que te obligan a buscar una isla blanca
en marejadas de olvido.

Al mudar de piel vuelves a sentir,
te izas como vela.
En tus sábanas blancas
el mundo es tuyo otra vez.

Lo más difícil es arrancar raíces,
dejar trozos del rompecabezas.
No colgar el bolso de cuero
cuando ves la cama vacía…

Sabes que emigras a una nueva piel.

Corazón partidario – Carlos Bousoño

Mi corazón, lo sabes,
no está con el que triunfa o que lo espera,
con el juramento mercader
que acecha el buen provecho,
se agazapa, salta sobre la utilidad, que es su querida,

busca ganancia en el abrazo,
obtiene renta de las mariposas y pone rédito a la luz,
cobra recibo por los amaneceres milagrosos,
por cambiante gracia del color
de una invisible rosa apresurada,
dulce y apresurada
como si fuese un hombre o una llama
o una felicidad humana: sí.

Mi corazón no está con el hombre que sabe
de la verdad todo lo necesario
para olvidar el resto de ella,
satisfecho del viento, poderoso del humo,
canciller de la niebla,
rey acaso, pero nunca de sí.

Primavera – Susana March

¡Ay, qué desconcierto
estar aquí, sin amor!
Tiembla la primavera
en cada miembro mío;
el aire engarza pájaros,
las nubes se desposan
como un príncipe rubio que las viste de oro;
un vegetal desmayo
desnuda a las doncellas, desnuda a las acacias…
¡Yo aquí, sin amor! Mar de alhelíes,
de fresca y limpia yerba; mar de jóvenes cosas:
pájaros, niños, árboles…
¡Qué oleaje de flores
sobre los claros días!
Y yo aquí, sin amor. Los ojos llenos
de verdes resplandores,
el corazón latiéndome
dulce, tibio, asequible, claudicante,
los labios entreabiertos
para beber el aire, para beber las flores, para beber la vida.

¡Amor! ¡Qué bien se dice! ¡Qué nombre más hermoso!
Decirlo dulcemente,
clavarlo como un dardo
finísimo al oído:
¡Amor…! -Mejor que el beso, la palabra caliente,
mejor que la caricia: Amor… -tan delicada
que, al decirla, la lengua se desnuda,
se perfuman los labios
y el corazón estalla
como un botón de rosa.

Amor, ¡tú gobernando; tú creando la vida¡
Amor, ¡Y yo aquí, tan sola como un pozo de agua!

Intenta alabar al mundo herido – Adam Zagajewski

Intenta alabar al mundo herido.
Recuerda los largos días de junio,
fresas silvestres, gotas rosadas de vino.
Los hierbajos que metódicamente invadían
las casas abandonadas de los desterrados.
Debes alabar al mundo herido.
Mirabas yates y barcos,
uno de ellos tenía que emprender un largo viaje,
al otro le aguardaba sólo la salobre nada.
Veías refugiados caminar hacia ninguna parte,
oías a los verdugos cantar
alegremente.
Deberías alabar al mundo herido.
Recuerda aquellos momentos, en la habitación blanca,
cuando estabais juntos y el visillo se movía.
Vuelve con la mente al concierto, cuando estalló
la música,
Recogías bellotas en el parque en otoño
y las hojas sobrevolaban girando las cicatrices de la tierra.
Alaba al mundo herido
y la pluma gris perdida por un mirlo,
y la luz delicada que vaga y desaparece
y regresa.

Si por dentro de ti quedo abrasado… – Juan Bañuelos

Si por dentro de ti quedo abrasado
saqueando la ternura que te habita,
es porque el tiempo, Amor, nos necesita
a cada instante en que es dolor pagado.

Si el miedo es todo lo que yo he dejado
porque me has hecho polvo y piedra escrita,
detén mi voz que al mar se precipita
como metal de tigre degollado.

¿En qué momento y quién te ha visto mía,
si con mi propia mano yo he cerrado
la puerta con dos hojas de alegría?

No en vano muerdo el duelo de la arcilla,
no en vano lucho si por ti he ganado,
si miro al mundo en ti desde esta orilla.