Archivo de la categoría: Poesía Uruguaya

Todo es víspera – Ida Vitale

TODO es víspera.
Todo sueña un renuevo
y mueve el corazón a defenderse
de los derrumbaderos.
Cada uno en su noche
esperanzado pide
el despertar, el aire,
una luz seminaria,
algo donde no muera.
Algo inviolado, exacto, fehaciente,
para afrentar la sombra,
un puro manantial,
raíz de agua, algo
como esa jarra tuya, Isabel,
donde acaso
hay claridad humana,
amor con su poder resplandeciente,
más misterioso que la sombra misma.

El olvido – Idea Vilariño

Cuando una boca suave boca dormida besa
como muriendo entonces,
a veces, cuando llega más allá de los labios
y los párpados caen colmados de deseo
tan silenciosamente como consiente el aire,
la piel con su sedosa tibieza pide noches
y la boca besada
en su inefable goce pide noches, también.

Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves,
noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas,
en un aire hecho manos, amor, ternura dada,
noches como navíos...

Es entonces, en la alta pasión, cuando el que besa
sabe ah, demasiado, sin tregua, y ve que ahora
el mundo le deviene un milagro lejano,
que le abren los labios aún hondos estíos,
que su conciencia abdica,
que está por fin él mismo olvidado en el beso
y un viento apasionado le desnuda las sienes,
es entonces, al beso, que descienden los párpados,
y se estremece el aire con un dejo de vida,
y se estremece aún
lo que no es aire, el haz ardiente del cabello,
el terciopelo ahora de la voz, y, a veces,
la ilusión ya poblada de muertes en suspenso.

La índole del placer – Cristina Peri Rossi

Tú querías que el placer fuera una casa
y vivir eternamente en su morada,
Pero el placer era un cuarto de alquiler.

Tú querías que el placer fuera un castillo
con anchos muros como ancas de mujer,
Pero el placer era agua
no era piedra
iba y venía
se secaba
como los cauces de ríos antiguos.

Tú querías que el placer fuera una fortaleza
al abrigo de los males de la tierra
pero el placer enmohecía
contraía virus
se enfermaba.

Tú querías que el placer fuera un palacio
con muchos aposentos
y recorrerlos uno a uno
demorarte en sus estancias,
pero el placer no era residencia.

Tú querías que el placer fuera salvación
y el placer fue condena.

El viaje – Juvenal Ortiz Saralegui

RETORNASTE sumisa

como nocturna vara,

sollozo de la tierra

con velillo de alga.
Corría una aceituna

por tu luciente cara

y en tu pecho, una pena

de luz te levantaba.



Un subterráneo río

en ti iba y llegaba

y era yo los dos remos

de tu imposible barca.

Que eres y no eres

bajo la noche clara,

lo que sueña mi día

y mi noche no alcanza.

 

Por oscura escalera

al sueño te elevaste;

los brazos de la sombra

ampararon tu gracia;

que no fueron los míos
esos gloriosos brazos!

Y diluida toda

en monte de noche alta,

desnuda de recuerdos

y de juncos colmada,

piedra de peregrino

ausente, te quedaste.


Yo vagué sobre siglos

de perdidos amantes,

rumbo al sereno mar

por las más tristes calles,

y en las dulces arenas

escribió mis nostalgia

estos versos tan viejos

que el viaje me dictara,

para que tu memoria

los encienda en tu entraña.

Relaciones triangulares – Ida Vitale

HACE un rato
que en la encina cercana
protesta un grajo.
Mi vecina, la gata
blanquinegra e inaudible,
asoma en la ventana.
Mira al árbol
y encerrada imagina
la aventura riesgosa.
Mira al grajo y me mira.
No sabe a quién apoyo.
Para alguien que no existe
un raro trío hacemos
en tres lenguas distintas,
dos silencios y el ruido
del grajo inaccesible.

Sueño en campo nudista – Ida Vitale

EN Jungborn, en el Harz,
hay colinas y un prado,
y en lo verde, cabañas.
Con cautela, Kafka abre la puerta de la suya.
No le agrada la idea de ver aproximarse
algún cuerpo desnudo
de los que a veces pasan.
Bajo la poca luz, hay tres conejos
que lo miran, quietos.
¿Adustos? Vienen quizás a reclamarle,
a él, que está vestido, la intromisión
de lo innatural en lo natural:
gente desnuda junto a castos conejos,
arropados en su pelaje suave,
«variegati» diríamos, si ellos fuesen
tres plantas que han optado por moverse,
pero por un segundo estarán quietas.
El aterrado Kafka olvida sus pulmones
y entra a soñar mi sueño.

A toro pasado – Ida Vitale

AHORA es ayer, cuando te imaginabas
contra la gala real del cielo abierto,
en calma. Ahora sí, ya has llegado
al mercado del inútil saber.
Inesperados ámbares rezagan
un fósil de otro tiempo, llegan sueños,
recuerdos analgésicos, sensatos,
pero sólo algo como algas queda
escurriendo de manos que ignoraron
siempre el arte de asir el bien que huye.
Abrumado lo que se creyó a salvo,
sin fe ya esperas lo poco que resta.

Visión oscura – Ida Vitale

AL tajo de penumbra
resbalan posos de otros días,
mientras, tras los vidrios velados
veo partir los indecisos estorninos.

En la ventana recalan
ecuaciones, no su angustiosa solución,
no su elusión. Si torpes,
quizás no sean inútiles ni tramposas:

las plantean fantasmas que,
ajenos a tentación o cautiverio,
apenas dicen que ya pasó su tiempo
y se evaporan hacia un silencio
que ya no oculta nada.