Archivo de la categoría: Premio Cervantes

Esta Oración – Juan Gelman

Bajo la noche tiemblan mis cenizas, amándote, llamándote.

Cómo la soledad vino creciendo, oh gran señora del amor,
lejos estás, estás sola de mí.

De tu nombre entro al día sin embargo,
inventaron mi boca para decir tu nombre.

La luz que sube de tu nombre.

Tómame
no me dejes
ya que me has hecho mayor que mi muerte
Cuba

mi tristeza de ti va encendiendo la noche,
mi alegría de ti va encendiendo la noche.

Más verdad – Jorge Guillén

Sí, más verdad,
Objeto de mi gana.

Jamás, jamás engaños escogidos.

¿Yo escojo? Yo recojo
La verdad impaciente,
Esa verdad que espera a mi palabra.

¿Cumbre? Sí, cumbre
Dulcemente continua hasta los valles:
Un rugoso relieve entre relieves.
Todo me asombra junto.
Y la verdad

Hacia mí se abalanza, me atropella.
Más sol,
Venga ese mundo soleado,

Superior al deseo
Del fuerte,
Venga más sol feroz.

¡Más, más verdad!

Poemas con el hijo – Juan Gelman

   Dice la palabra poesía por primera vez

¿Sabes el tiempo, todo el tiempo,
entre esa palabra y tu tiempo?

¿Sabes el aire, todo el aire,
entre esa palabra y tu aire?

¿El mar, acaso, sabes, el dolor,
el amor, la tierra, la muerte,
sabes,
entre esa palabra y tus finísimos hilos?

¿Llegó hasta ti como una magia,
como una vejez de pronto?

¿Mojó con agua delicada
tu agua, la purísima, la quieta?

¿Te coronó de viva luz?
¿Puso en tu voz harinas dulces?

Quién dirá alguna vez lo que sucede
cuando dos niños se besan.


Pregunta qué es el agua

Olvido, olvido.

Un largo camino puro hacia el olvido.

Una joven memoria del olvido.

Una lágrima sola
mirando y olvidando lo que somos.

Lo que olvidó, lo que olvidó la muerte.

Hasta que la dijiste.

Que podrá ser ahora que tu temblor es dentro de ella.


Sonríe

¿Y alguna vez he sonreído así?
¿Fui como tú de luz, candor que tiembla?
¿Supe dar la mañana, confundirla,
equivocar al mundo?

¿Fui como tú despertador
de la ternura quieta? ¿Agua capaz?
¿Detuve al aire, al gran maestro?

La pureza más desnuda es en tu boca
y avergüenza.

Ángeles, ángeles.
Quien dice que los vio, nunca los vio.

El que los ve se canta para adentro.


Digo cómo lo quiero

Caminarás, caminarás.

Cielo, aire con nombre,
hijo a quien digo hijo sin saber,
sin comprender, y no,
cómo pudo ocurrirnos la pureza.

¿Qué agua secreta dimos a beber al amor?
¿Qué intocada sustancia
teníamos aún, qué cosa, qué,
pudimos dar acaso? ¿O el amor?
¿O el temblor de la dicha que soñamos?
¿O abril que regalaba su misterio?

Caminarás, en cambio.

Pondrás tus ojos a mirar el mundo
impuro, impuro todavía.

Mucho más que quererte:
suelo amarte con pena.

Los niños – Juan Gelman

Les agradezco estar, amanecer.
Puros, azules, limpios, asomándose
detrás de la camisa, con la sonrisa puesta,
el pájaro en su sitio, el asombro en su lugar.

Bajo sus delantales la ternura hace ruido,
y todavía creen en el aire,
en la flor, en el cielo, en los rincones.

¡Vivan! ¡Vivan los niños y su gran campana,
tocando a muerto, a hombre, cuando crecen!

Dejad entonces, ciegos, que yo vaya a los niños.

Sueño del marinero – Rafael Alberti

Yo, marinero, en la ribera mía,		
posada sobre un cano y dulce río		
que da su brazo a un mar de Andalucía,		

sueño en ser almirante de navío,		
para partir el lomo de los mares		
al sol ardiente y a la luna fría.		

¡Oh los yelos del sur! ¡Oh las polares		
islas del norte! ¡Blanca primavera,		
desnuda y yerta sobre los glaciares,		

cuerpo de roca y alma de vidriera!		
¡Oh estío tropical, rojo, abrasado,		
bajo el plumero azul de la palmera!		

Mi sueño, por el mar condecorado,		
va sobre su bajel, firme, seguro,		
de una verde sirena enamorado,		

concha del agua allá en su seno oscuro.		
¡Arrójame a las ondas, marinero:		
-Sirenita del mar, yo te conjuro!		

Sal de tu gruta, que adorarte quiero,		
sal de tu gruta, virgen sembradora,		
a sembrarme en el pecho tu lucero.		

Ya está flotando el cuerpo de la aurora		
en la bandeja azul del océano		
y la cara del cielo se colora		

de carmín. Deja el vidrio de tu mano		
disuelto en la alba urna de mi frente,		
alga de nácar, cantadora en vano		

bajo el vergel añil de la corriente.		
¡Gélidos desposorios submarinos		
con el ángel barquero del relente		

y la luna del agua por padrinos!		
El mar, la tierra, el aire, mi sirena,		
surcaré atado a los cabellos finos		

y verdes de tu álgida melena.		
Mis gallardetes blancos enarbola,		
¡oh marinero!, ante la aurora llena		

¡y ruede por el mar tu caracola!

El mar – Nicanor Parra

El mar es un hoyo gigantesco
lleno de una substancia viscosa
llamada agua de mar
se subentiende que se trata de agua salada
También se da por sobreentendido
que en el mar hay gran variedad de peces
merluza —jurel-congrio-pejesapo
cual más cual menos orgullo de la cocina chilena
muy en particular la angula
exquisita al más exigente de los paladares
así como también hay olas enormes
capaces de volcar en un santiamén
embarcaciones de tamaño regular
Finalmente se da por sobreentendido
que el hombre se vale del mar
como de un medio de comunicación eficaz y expedito
importantísimo para la industria
ya se trate de salitre, cobre, carbón
harina de pescado, etc., etc.
Combates navales famosísimos
han ocurrido en repetidas ocasiones
con gran despliegue de artillería pesada
y los piratas se han hecho también famosos
todos ellos lobos de mar
como los denomina la tradición oral y escrita.