Mujer de ausencia,
escultura de música en el tiempo.
Cuando modelo el busto
faltan los pies y el rostro se deshizo.
Ni el retrato me fija con su química
el momento justo.
Es un silencio muerto
en la infinita melodía.
Mujer de ausencia, estatua
de sal que se disuelve, y la tortura
de forma sin materia.
Cuando me vaya – Mariluz Escribano
Dejaré un silencio en el recuerdo,
sonidos de una voz que fue muy joven,
y un aroma de sándalo y cipreses
para que no me olvides.
Y ahora, cuando el sol desaparece,
y hay promesa de una noche clara,
las estrellas se esconden
y están muertas de tanta nívea luz.
Dejaré abierta la ventana.
Un gorrión divulgará mi huida,
y un frescor de mañana
anunciará mi marcha,
con trémula voz para llamarte.
Cuando me vaya
perderé las praderas,
los bosques encendidos de noviembre,
el verde del jardín en primavera,
la tenue luz de los planetas,
la sonrisa de un niño,
el calor de un amigo,
lágrimas de dolor por los caminos
que transité tan alta,
la caricia de un perro
que dio fuego a mis manos.
Cuando me vaya
habré perdido tantas cosas,
que creceré en trigal
por no morirme.
El fantasma y yo – Amado Nervo
Mi alma es una princesa en su torre metida,
con cinco ventanitas para mirar la vida.
Es una triste diosa que el cuerpo aprisionó.
y tu alma, que desde antes de morirte volaba,
es un ala magnífica, libre de toda traba...
Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo!
¡Qué entiendo de las cosas! Las cosas se me ofrecen,
no como son de suyo, sino como aparecen
a los cinco sentidos con que Dios limitó
mi sensorio grosero, mi percepción menguada.
Tú lo sabes hoy todo..., ¡yo, en cambio, no sé nada!
Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo!
Juntos nosotros – Pablo Neruda
Qué pura eres de sol o de noche caída,
qué triunfal desmedida tu órbita de blanco,
y tu pecho de pan, alto de clima,
tu corona de árboles negros, bienamada,
y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje
que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica.
Ahora, qué armas espléndidas mis manos,
digna su pala de hueso y su lirio de uñas.
y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma
están situados en lo justo de la fuerza terrestre.
Qué pura mi mirada de nocturna influencia,
caída de ojos oscuros y feroz acicate,
mi simétrica estatua de piernas gemelas
sube hacia estrellas húmedas cada mañana,
y mi boca de exilio muerde la carne y la uva,
mis brazos de varón, mi pecho tatuado
en que penetra el vello como ala de estaño,
mi cara blanca hecha para la profundidad del sol,
mi pelo hecho de ritos, de minerales negros,
mi frente, penetrante como golpe o camino,
mi piel de hijo maduro, destinado al arado,
mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido,
mi lengua amiga blanda del dique y del buque,
mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática,
la piel que hace a mi frente un vacío de hielos
y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados,
y se repliega sobre mi más profundo estímulo,
y crece hacia las rosas en mis dedos,
en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza.
Y tú como un mes de estrellas, como un beso fijo,
como estructura de ala, o comienzos de otoño,
niña, mi partidaria, mi amorosa,
la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados,
dorados como bueyes, y la paloma redonda
hace sus nidos blancos frecuentemente en ti.
Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas,
tu salud de manzana furiosa se estira sin límite,
el tonel temblador en que escucha tu estómago,
tus manos hijas de la harina y del cielo.
Qué parecida eres al más largo beso,
su sacudida fija parece nutrirte,
y su empuje de brasa, de bandera revuelta,
va latiendo en tus dominios y subiendo temblando,
y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos,
y su forma guerrera, su círculo seco,
se desploma de súbito en hilos lineales
como filos de espadas o herencias de humo.
Dulce tortura – Alfonsina Storni
POLVO de oro en tus manos fué mi melancolía;
Sobre tus manos largas desparramé mi vida;
Mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas;
Ahora soy un ánfora de perfumes vacía.
Cuánta dulce tortura quietamente sufrida,
Cuando, picada el alma de tristeza sombría,
Sabedora de engaños, me pasaba los días
¡Besando las dos manos que me ajaban la vida!
Comprando a la puta- Anne Sexton
Eres un rosbif que he comprado
y te relleno con mi propia cebolla.
Eres un bote que he alquilado por horas
y te dirijo con rabia hasta hacerte encallar.
Eres un vaso que he pagado para romper
y trago los trozos con mi saliva.
Eres la chimenea en la que caliento mis temblorosas manos,
abrasando la carne hasta que esté rica y jugosa.
Apestas como mi Mamá debajo de tu sujetador
y vomito en tu mano como un jackpot
sus fríos y contantes centavos.
Capricho – Alfonsina Storni
ESCRÚTAME los ojos, sorpréndeme la boca,
Sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
Dame a beber, el malvado veneno
Que te moja los labios a pesar de ser bueno.
Pero no me preguntes, no me preguntes nada
De por qué lloré tanto en la noche pasada;
Las mujeres lloramos sin saber, porque sí:
Es esto de los llantos pasaje baladí.
Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,
Un mar un poco torpe, ligeramente estulto,
Que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
Y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.
No preguntes, amado, lo debes sospechar:
En la noche pasada no estaba quieto el mar.
Nada más. Tempestades que las trae y las lleva
Un viento que nos marca cada vez costa nueva.
Sí, vanas mariposas sobre jardín de Enero,
Nuestro interior es todo sin equilibrio y huero.
Luz de cristalería, fruto de carnaval
Decorado en escamas de serpientes del mal.
Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:
Movilidad absurda de inconsciente coqueta.
Deseamos y gustamos la miel de cada copa
Y en el cerebro habernos un poquito de estopa.
Bien; no, no me preguntes, Torpeza de mujer,
Capricho, amado mío, capricho debe ser.
Oh, déjame que ría... ¿No ves qué tarde hermosa?
Espínate las manos y córtame esa rosa.
AQUÍ – Paul Éluard
Una calle abandonada
Calle profunda y desnuda
Donde es fácil a los locos
Más que a los cuerdos vivir
Días sin pan ni carbón
Todo es cuestión de medida
Tantos cuerdos para un loco
Más allá sólo la inmensa
Mayoría del buen sentido
Demasiado creído un día
La calle como una herida
Que no cerrará jamás
El domingo la ensancha
El cielo es de otro lugar
Rey de un país extranjero
Cielo rosa y feliz
Todo belleza y salud
En la calle sin futuro
Que me parte el corazón
Que me priva de mi mismo
Nadie en la calle de nada.
Dime – Alfonsina Storni
DIME al oído la palabra dulce;
Camoatí zumbador,
Las letras que se asomen a tus labios
Han de oler a malvón,
Y empacarán insectos en el rojo
Panal del corazón.
Dime al oído la palabra tenue,
Gasa, bruma, vapor...
Fineza de sus signos como leves
Alas de mariposa en la tensión
Del vuelo recto. Peligrosa tela
Urdida en los telares del amor.
Ay, que en los finos hilos de la malla,
Puede morir sin aire el corazón.
Dime al oído de palabras todas
La palabra mejor.
Si puedes, que se escurra de los labios
Modulada sin voz.
Música, de tu boca a mis oídos
Todas palabras son.
Música que adormece bajo el fino,
Rubio vellón,
De los cabellos de la primavera:
Gracia y olor.
Poema de amor desesperado – Silvina Ocampo
Todas, todas las tardes con su fases,
alucinantes y ceremoniosas,
con sus reinos de nubes ingeniosas
lejos de tu presencia son falaces
y fatuas y espantosas.
Las vi con pena, pero atentamente,
como en las galerías, mal pintadas,
se ven sobre las telas arrumbadas,
las guirnaldas, las frutas y la fuente
con flores nacaradas.
Las vi en la circular paz de las plazas
donde los árboles escrupulosos
elevan sus follajes venturosos
ocultando en los muros de las casas
balcones tenebrosos.
En vano las he visto y demasiado
a través del cristal enrojecido
de las ventanas, o en un desvalido
jardín entre las rejas olvidado
como un niño perdido;
debajo de los plátanos dorados
las vi aspirando en la fragancia pura
del follaje esa insólita amargura
que sólo han de sentir los desterrados
con igual desventura.
Cuando elevan los vientos sus murallas
nocturnas en el agua azul del mar,
yo las he visto en vano iluminar
con esplendores largos, en las playas,
la arena sublunar;
las vi en la levedad de las espumas,
en los acantilados donde velan,
en las piedras, palomas que revelan
el mar, el aire, el cielo, hechos de plumas,
trémulas, cuando vuelan.
Mientras pensaba en dónde vagarías
contemplando las mismas deslumbrantes
virtudes de la tarde, suplicantes,
rutilaban vedadas lejanías
para mí en sus diamantes.
Las vi en los cielos de oro perdurables
con nubes que pendían como flecos
purpúreos entre rocas o en los huecos
donde nace en reflejos memorables
la hermana voz del eco.
En sus rosados y altos frontispicios
los cupidos, los leones, las sirenas
dieron formas de sueños a mis penas
en las molduras de los edificios
que creí ver apenas.
Podría dibujarlas una a una
con sus volutas de humo alambicados
en largos arrabales alumbradas
por el fulgor naciente de la luna,
con ramas abrazadas.
Como en los libros más arrobadores
de la infancia, en que todos los objetos
conservan en las láminas secretos
que atesora el amor —con los colores
de algunos alfabetos—,
grabados por tu ausencia en mi memoria
están la esfinge, el quiosco verde, el puente,
el terreno baldío en la pendiente,
la rosa, cualquier rosa invocatoria,
y la estatua obsecuente.
En los senderos grises del invierno
están las plantas del jardín botánico
donde canta un zorzal dulce y tiránico
que podría agravar cualquier infierno
con su canto mecánico.
Están en las anchas márgenes del río
con suaves y patéticas neblinas,
como en un marco de oro las glicinas,
en la desolación del caserío
final de las esquinas;
en el boscaje, oculta está la flor—
cuyo nombre jamás he conocido—
esa flor que el silencio ha conmovido
y que satura el aire de frescor.
¡Oh tardes que no olvido!
Tardes en que las calles habituales
llenas de vanidad y de banderas
tiznan de hollín las plácidas palmeras
y el cielo que se mira en los claustrales
patios con sus higueras.
Tardes en que la música es palpable
como una joya de oro entre las manos,
o un jazmín o el teclado de los pianos
o el agua donde el sol dibuja un sable
de luz en los veranos.
Tardes en que mi oscuro corazón,
al sentir mis tristezas tan ajenas,
se helaba de congoja entre mis venas
viendo la impura representación
lejana de mis penas.
Cuánta felicidad me prometieron,
cuántos milagros mientras he esperado
que retornen estando yo a tu lado
no vanas mas hermosas como fueron
en mi amor conjurado.