Prometeo en la frontera – Antonio Gamoneda

                         I

Acaso estemos en igual tormento.
Un dios caído en el dolor es tanto
como el dolor si sobrepasa el llanto
y se levanta contra el firmamento.

Un dios inmóvil es un dios sediento
y a mí me cubren con el mismo manto.
Yo tengo sed y lo que yo levanto
es la impotencia de levantamiento.

Oh qué dura, feroz es la frontera
de la belleza y el dolor; ni un dios
puede cruzarla con su cuerpo puro.

Los dos estamos por igual manera
a hierro y sed de soledad, los dos
encadenados contra el mismo muro.

                         II

Y este don de morir, esta potencia
degolladora de dolor, ¿de dónde
viene a nosotros? ¿En qué dios se esconde
esta forma siniestra de clemencia?

Una sola divina descendencia
a esta zona de sombra corresponde.
Si tú hablas a un dios, cuando responde
viene la muerte por correspondencia.

Si no fuera cobarde, si, más fuerte,
en un rayo pudiera por la boca
expulsar este miedo de la muerte,

como este inmortal encadenado
sería puro en el dolor. ¡Oh roca,
mundo mío de sed, mundo olvidado!

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