A la firmeza del amor – Francisco de Trillo y Figueroa

Al pie de una alta haya en dulce avena el mantuano Títiro tañía, y Amarilis no mas le respondía el valle umbroso, que a su voz resuena. Cuando un triste zagal, que la cadena arrastrado de amor también había, por el valle sus cabras conducía al lento paso de una amarga pena. Oyó al triste pastor y dijo: «En vano te dan oído las frondosas ramas, y voz la sola y taciturna selva, pues no hay piedad en el amor tirano para olvidar, ni aun las difuntas llamas, aunque ya en llanto el humo se resuelva.»

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