A la vuelta de las escarificaciones el parpadear de la locura
y la obsesión de los objetos hirientes.
Disturbios que reemplazan el alma por la sed
en que prueba el alcohólico el gusto de sus vísceras.
No se puede dormir en horas sucesivas,
completar este cántaro con una arcilla erizada de vidrios
sino en todo mezclar la vigilia y la sangre
y el miedo al crimen y la eyaculación
sobre la arena tórrida.