Cuando al atardecer la brisa sopla y en la escollera ilumina la noche de golpe el faro, silenciosamente, alguien lo mira todo en el Café de Pescadores, con ron de recuerdos y ojos húmedos, de sueños manchado. Norfeu exacto, inmóvil, en el mar la proa de la quilla, no secciona las aguas negras. Extraño, ¿qué quieres?
Las barcas bajo el candil no dan miedo, lo da el barco del holandés errante que no va por la mar sino por dentro de mí y percibo que quiere hacer noche en mi puerto de viejo demolido.
Reloj noctámbulo del firmamento, las olas marcan constantes el tiempo. ¿Tú qué quieres, Extraño? Ni nunca lo sabré ni puedo adivinar. Soy un lamento, encallado para siempre en el ron del pasado. ¡Qué ojos! Un ausente.