ABRES una puerta frente a ti que da al infinito.
Es entonces cuando palidecen
los límites del orbe.
Volamos en un avión con dirección al naciente.
Asomados a la ventanilla vemos
caer el sol
como una moneda que incendia
un campo de nubes aprisionadas.
Y te digo
que nada existe si tú no me piensas.