Creo que duele menos estar solo con tu recuerdo, bajo este cielo duro, bajo este viento espeso, bajo miradas agudas que preguntan: "¿Por qué sufren tus manos en las tardes'? "¿Por qué no vienes, sin la hoguera de su pecho lejano, y te diviertes con nosotras?"
Poder asirse el alma sería eso. Y renunciar para siempre al sitio donde me espera el viento acariciando tus cabellos.
Lo sabes.
Contigo no me cabe el mundo en las venas. Pero sin ti soy demasiado pequeño, para esta calle de labios grises. Créeme, tu ausencia quema, alma mía. Y tu recuerdo duele. Ahora soy, por ejemplo, el esqueleto de una casa incendiada, que se duele en el fondo de la ceniza. Y grito: "Llevadme llamas con vosotras, a cualquier parte. No me dejéis ardido de escombros. Llevadme, en vuestros lomos, porque me duele el calvariento recuerdo de los pájaros que cantaron en mi techo, por las tardes."
Y solo pasa el humo, frente a mis manos que claman sin escuchas.
Así todos los días amante mía.
Créeme, pero me duele más tu recuerdo, amor mío, que mi vencida soledad.