Siempre a deshora me buscas, siempre a destiempo te aguardo. Cielo amor —cielo de luces— este perseguirse amargo: cuando tú estás en el cénit yo me arropo en el ocaso. Amanécete esta noche de pronto, como un relámpago, aunque nada justifique tu orgía de besos cálidos. Amanécete esta noche que te estoy queriendo tanto que se florecen de estrellas, para ceñirte, mis brazos. Amanécete esta noche: mi cuerpo te está esperando tímido de oscuridades, fértil de caminos lácteos, deseoso de eclipsarse junto a la luz del amado. ¡No habrá una nube que manche el limpio azul del abrazo! Hasta los reinos de Dios nos llevará el ígneo carro y, en una boda perfecta, nuestros fuegos enlazados, romperemos de las horas el ritmo absurdo, mecánico.
¡Triunfo de goce nupcial fuera de tiempo y espacio!
Amanécete a deshora hoy que a destiempo te aguardo.