TE habrán ofrecido la mano,
condonado la deuda,
servido,
como si fuese posible elegir ya,
parálisis o sueños.
A esta hora los dioses carnívoros
habrán abandonado el bosque;
tramposos, te han abierto paso
para que te bajes hacia el círculo,
para que te equivoques
y digas: para qué
para que viendo, ciegues,
y con todas las músicas a tu alcance
llenes de cera torpe,
triste, tus oídos.
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CANCIÓN – Ida Vitale
PASA mi paz, paloma
desplumada,
me mira desde fuera
de la ventana.
Refugiarse en mi pecho,
donde la vele,
no sabe que no hay techo
sino intemperie.
Ay de mí si pretendo,
paloma, paz.
¿Quién, yo en guerra,
tú en frío,
nos valerá?
DE ESCORPIONES – Ida Vitale
ESPERÓ el escorpión
oscuro y quieto,
inesperado y quieto,
¿dónde?
No estaba hace un instante.
Junto al talón expuesto
se enarca ahora,
enigma para siempre.
Debería temerle,
surgido hermano cruel
cuyo signo soporto.
Después miré curiosa,
fríamente su cadáver.
Del no saber – Ida Vitale
Muerte parecida a la vida parecida
a un jirón
que viento y lluvia
llevan.
Muerte-vida: ¿laberinto
en el fondo de un pozo
o estrellas lácteas?
Trampean las hermanas.
¿Es trompeta o carcoma?
Ajedrez – Ida Vitale
Arde sobre el tablero la lucha absurda,
trasladan los peones
su endeble juego agónico
o recalan en un falaz descanso.
La torre tambalea, precipita
el destino, el desastre,
sucumben los caballos luego
de un volcado girar de alfiles.
Ya no hay rey.
Sola la reina,
dueña de inútiles poderes,
prolonga la pesadilla vana,
crea y destruye ciegas diagonales,
pierde la muerte limpia.
Despertar – Ida Vitale
Tenues trazos,
píos de pájaros
se acomodan al alba,
premeditan.
Cenizas, fuegos, flores;
la esperanza
sube en la luz,
el ojo no la impide.
El hilo de la vida
¿hilo será de Ariadna,
o hilo de araña,
fibra tendinosa?
De un fulgor a otro – Ida Vitale
Quizás no se deba ir más lejos.
Aventurarse quizás apenas sea
desventurarse más,
alejarse un atroz infinito
del sueño al que accedemos
para irisar la vida,
como el juego de luces que encendía,
en la infancia,
el prisma de cristal,
el lago de tristeza, ciertas islas.
Sí, entre biseles citados los colores,
un fulgor anidaba sobre otro
-seda y deslumbramiento
el margen del espejo-
y aquello también era un espectro,
sabido, exacto. Centelleos ajenos
en un mundo apagado.
Como un canto sin un cuerpo visible,
un reflejo del sol creaba
una cascada un río una floresta
entre paredes áridas.
Sí, no vayamos más lejos,
quedemos junto al pájaro humilde
que tiene nido entre la buganvilia
y de cerca vigila.
Más allá sé que empieza lo sórdido,
la codicia, el estrago.
Poema Mariposa – Ida Vitale
En el aire estaba
impreciso, tenue, el poema.
Imprecisa también
llegó la mariposa nocturna,
ni hermosa ni agorera,
a perderse entre biombos de papeles.
La deshilada, débil cinta de palabras
se disipó con ella.
¿Volverán ambas?
Quizás, en un momento de la noche,
cuando ya no quiera escribir
algo más agorero acaso
que esa escondida mariposa
que evita la luz,
como las Dichas.
Penitencia – Ida Vitale
¿Mirar atrás será pasar
a ser de sal precaria estatua,
un perecer petrificado
preso en sí mismo, parte
del roto encanto de un paisaje
cuya música no logro más oír?
¿Debo matar lo que miré,
el mito que minuciosa
pliego y despliego,
grava para mi paso solo?
¿ Ciega borrar lugares,
playas, vientos, el tiempo?
Sobre todas las cosas,
anular horas que se han vuelto inútiles
como lluvia que cae
sobre el mar implacable,
como mis propios pasos
si no son penitencia.
ESTILO – IDA VITALE
Pasa el vértigo de ajenas
corporaciones emplumadas
para fiestas o iras de la selva.
Pasa el dialecto.
En tanto, el hilván hondo
de la lengua lee
en jazmín diminuto o en arena,
deja el hervor tentante
e imagina las simples,
que relucen,
espumas de la última ola.
Y se encaja otra vez
en el cóndilo,
en lo exacto
de la fatalidad.