Archivo de la categoría: Poesía Uruguaya

Ese gran simulacro – Mario Benedetti

Cada vez que nos dan clases de
amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de
amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de
ausencia
muñones de porvenir / arrabales
de duelo
pero también candores de
mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde
sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo
de otoño
sentimientos insoportablemente
actuales
que se niegan a morir allá en lo
oscuro

el olvido está lleno de memoria
que a veces no caben las
remembranzas
y hay que tirar rencores por la
borda
en el fondo el olvido es un gran
simulacro
nadie sabe ni puede / aunque
quiera / olvidar
un gran simulacro repleto de
fantasmas
esos romeros que peregrinan por
el olvido
como si fuese el camino de
santiago

el día o la noche en que el olvido
estalle
salte en pedazos o crepite /
los recuerdos atroces y de
maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por
el mundo
y esa verdad será que no hay
olvido

Desnudez total – Idea Vilariño

Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser,
aún con ciencia
y un caer en silencio y sin objeto.

La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.

Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.

Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.

Luz a luz
ser a ser,
casi en amiba,
forma, sed, duración,
luz rechazada.

evohé (selección) – Cristina Peri Rossi

Una mujer me baila en los oídos
palabras de la infancia
yo la escucho
mansamente la miro
la estoy mirando ceremoniosamente
y si ella dice humo
si dice pez que cogimos con la mano,
si ella dice mi padre y mi madre y mis hermanos
siento resbalar desde lo antiguo
una cosa indefinible
melaza de palabras
puesto que ella, hablando,
me ha conquistado
y me tiene así,
prendido de sus letras
de sus sílabas y consonantes
como si la hubiera penetrado,
me tiene así prendido
murmurándome cosas antiguas
cosas que he olvidado
cosas que no existieron nunca
pero ahora, al pronunciarlas,
son un hecho,
y hablándome me lleva hasta la cama
adonde yo no quisiera ir
por la dulzura de la palabra ven.


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La mojo con un verso,
y ella, húmeda de mí,
rencorosa, me da la espalda.
Le digo que prefiero las palabras,
entonces se burla de ellas con gestos obscenos.
La persigo por el cuarto
y así, desnuda y herida,
con el cuerpo lleno de señales
le tomo una fotografía.
Un día seré un escultor famoso,
y ella posará para mí,
muerta de palabras,
llena de letras como despojos.



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Por la calle, venían tantas mujeres
que no puedo pronunciarlas a todas,
en cambio, las amé una por una.

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Las mujeres vienen de lejos,
a consolar a los poetas
de la decepción de las palabras.

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Las palabras vienen desde lejos,
a consolarnos de la decepción de las mujeres.

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Los poetas aman las palabras
y las mujeres aman a los poetas
con lo cual queda demostrado
que las mujeres se aman a sí mismas.

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La palabra está sola.
El poeta         ausente.
La mujer en tinieblas.

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Las mujeres, son palabras de una lengua antigua
y olvidada.
Las palabras, son mujeres disolutas.

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Era ciego, y como la única realidad es el lenguaje,
no veía una mujer por ningún lado.

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Los ciegos no pueden amar a las mujeres
porque no ven las palabras, bajo las que ellas andan
disfrazadas.

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y húmeda de la lluvia de palabras,
en tu vientre crecen los sonidos
con que empezar
modestamente
a nombrar las cosas.

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Cuando te nombro,
y quedas anegada,
como después de la lluvia.


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Silencio.
Cuando ella abre sus piernas
que todo el mundo se calle.
Que nadie murmure
ni me venga
con cuentos ni poesías
ni historias de catástrofes
ni cataclismos
que no hay enjambre mejor
que sus cabellos
ni abertura mayor que la de sus piernas
ni bóveda que yo avizore con más respeto
ni selva tan fragante como su pubis
ni torres y catedrales más seguras.
Silencio.
Orad: ella ha abierto sus piernas.
Todo el mundo arrodillado.

Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado… – Marosa di Giorgio

Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado. Se
alimenta de muchas especies y de sólo una. Las busca en la
noche, la encuentra, y se la bebe, gota a gota, rubí por rubí.
Mi alma tiene miedo y tiene audacia. Es una muñeca grande,
con rizos, vestido celeste.
Un picaflor le trabaja el sexo.
Ella brama y llora.
Y el pájaro no se detiene.

Ustedes y nosotros – Mario Benedetti

Ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial

nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual

ustedes cuando aman
calculan interés
y cuando se desaman
calculan otra vez

nosotros cuando amamos
es como renacer
y si nos desamamos
no la pasamos bien

ustedes cuando aman
son de otra magnitud
hay fotos chismes prensa
y el amor es un boom

nosotros cuando amamos
es un amor común
tan simple y tan sabroso
como tener salud

ustedes cuando aman
consultan el reloj
porque el tiempo que pierden
vale medio millón

nosotros cuando amamos
sin prisa y con fervor
gozamos y nos sale
barata la función

ustedes cuando aman
al analista van
él es quien dictamina
si lo hacen bien o mal

nosotros cuando amamos
sin tanta cortedad
el subconsciente piola
se pone a disfrutar

ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial

nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual.

Amor – Idea Vilariño

Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.

Cuando estás en mi cuerpo – Clara Silva

Cuando estás en mi cuerpo desangrado,
acechando el descuido de mi muerte,
¿cómo me asomo a mi alma para verte
si ignoro si me doy o me has tomado?

En hermosuras crezco a tu cuidado
y tanto que mi boca ya no advierte
si es por tu amor que vivo de esta suerte,
si es por mi sed que muero a tu costado.

Te recojo en mi sangre derramada
y me ciñes de olvido hasta olvidarlo
como una muerta en insaciada vida.

Bajo la herida de tan dulce espada
lo mismo da saberlo que ignorarlo
si te sirves de mí o soy servida.

Vaya uno a saber – Mario Benedetti

Amiga
la calle del sol tempranero
   se transforma de pronto
   en atajo bordeado de muros vegetales
el rascacielos de la visión despiadada
   de un acantilado de poder
los colectivos pasan raudos
   como benignos rinocerontes
y en un remoto bastidor de cielo
   las nubes son sencillamente nubes
la muchacha cargada de paquetes
   es una hormiga demasiado obvia
   y en consecuencia la descarto
pero el lisiado de noble rostro
   ése sí avanza como un cangrejo
la monjita joven de mejillas ardientes
   crece como un hongo sin permiso
el hollín va siendo lentamente rocío
y el olor a petróleo se convierte en jazmín

y todo eso por qué
sencillamente porque
en la primera línea
pensé en vos
             amiga.