Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.
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Las palabras – Octavio Paz
Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
azótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.
Verónicas gitanas – Gerardo Diego
Lenta, olorosa, redonda,
la flor de la maravilla
se abre cada vez más honda
y se encierra en su semilla.
Cómo huele a abril y a mayo
ese barrido desmayo,
esa playa de desgana,
ese gozo, esa tristeza,
esa rítmica pereza,
campana del sur, campana.
El huésped – Juan Gelman
La ciudad inmóvil brilla bajo la luna,
alguien sin embargo ha encendido mi corazón,
arde contra el silencio de las viejas paredes.
Sólo este fuego me acompaña en la ciudad nocturna y fría,
es la ciudad a la que siempre entro por primera vez,
se calla frente a mí como un desconocido.
Alguien sin embargo me ha amado antes aquí,
sobre estas piedras nos besamos a través de la noche,
alguien también tembló por mí bajo las madrugadas de ceniza.
La impiadosa ciudad nunca da coartadas,
quién sino ella ha encendido este fuego.
Pronóstico – José Manuel Caballero Bonald
En ese incauto instante que antecede
al olvido, ¿qué ocurre
por las densas cavernas
de la imaginación, dónde termina
la lenta luminaria de los años
y comienza el vacío
a ocupar las rendijas remotas del recuerdo?
Tantas noches en blanco, tanta
fugacidad sobrevenida, tanta aplazada
lucidez, ¿de qué han servido?
Oh memorial de nadie, oh tentación
de desandar el tiempo cuando ya no subsisten
sino tercas opciones a rescindir la vida.
Invocación – Cristina Peri Rossi
Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones
para que no sea
el espejo donde se reflejan
las amantes que fueron
los cuerpos amados un día
y olvidados después
un amado espacio de revelaciones
y no de repeticiones.
[En este armario un corsario]- Álvaro Pombo
En este armario un corsario
guarda sus zapatillas de diario
¿Y en este otro, qué?
Las niñucas en este otro
guardan trajecitos de piqué.
Otros poemas
2.11. – Álvaro Pombo
Pavimento solar pavesa impávida
pábilo de la lluvia o Dios
raquero de este barrio.
Seguro que es lo mismo.
Alcancía gigante de los años
que no por ilegible es el sol menos.
Y ceniza que vuelas y polvo de los trigos.
Hacia una constitución poética del año en curso (1980)
Trigesimoctava variación – Álvaro Pombo
El alba es un laúd lejano
El cielo es una gaviota imaginada
E imaginado es todo hasta el olvido
No hay más acá que sirva de paréntesis
Ni más allá que sirva de horizonte
Imaginado es todo hasta la muerte
E imaginé tu amor que no existía
E imaginé que imaginé tu amor que no existía
E imaginé que imaginé que imaginé tu amor que no existía
El olvido y la muerte fueron reales sin embargo
Variaciones (1977)
5436 – Álvaro Pombo
Fingí abrir la cancela
Y se abrió la cancela
El parque dibujado al fondo
Se ve la fuente apoyada en el crepúsculo
Hundidas las mejillas
Desdentada y postiza
Carne desmoronada en el confuso
Reino
Del invierno desunido
Esmeralda voluble
De tus labios abandonados
Me equivoqué hice trampa
Los dioses se ríen de los viejos
He muerto civilmente
Protocolos (1973)