DESCALZOS,
con lentos pasos de luz,
van rozando la atmósfera
de esta tarde sobre el mar.
Ligeros, como beso de viento,
depositan su pisada
allí donde jamás llegarán mis ojos.
Y dan así movimiento a las aguas,
y nacen así esas finas láminas celestes
que ahora, con suave susurro de espuma,
vienen a besar mis pies.