Vida contemplativa – Santiago de Navascués

PÁLIDOS bustos de belleza griega,
como un largo espejismo quedaréis
fijos en un lugar de mi memoria.
Bebiendo un café insípido vislumbro
las negras aves en el cielo. Hace
frío y el mundo brilla tenuemente
bajo la luz herida de septiembre.
El tiempo se detiene en una calle,
como un turista confundido, quieto
ante el enigma mudo de una esfinge
que custodia la entrada de la Acrópolis.
Los griegos cincelaron un instante
sobre el rostro inmutable de este mármol.
Cierro los ojos y contemplo: todo
tiene ahora la forma de mi sueño...
Las nubes cubren los desnudos bustos
mientras trazo la luz en estas líneas
y agoniza el verano estoicamente
sobre la superficie de las cosas.

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