Quisiera ser convexo para tu mano cóncava, y como un tronco hueco para acogerte en mi regazo y darte sombra y sueño. Suave y horizontal e interminable para la huella alterna y presurosa de tu pie izquierdo y de tu pie derecho. La de todas las formas como agua, siempre a gusto, en cualquier vaso, siempre abrazándote por dentro. Y también como vaso para abrazar por fuera al mismo tiempo. Como el agua hecha vaso tu confín —dentro y fuera— siempre exacto.