En Ecbatana fue una vez... O más bien creo que en Bagdad... Era una rara ciudad, bien Samarcanda, o quizá Fez.
La hembra del pavo real estaba en el jardín desnuda; mi alma amorosa estaba muda y habló la fuente de cristal.
Habló con su trino y su alegro y su stacatto y son sonoro, y venían del bosque negro voz de plata y llanto de oro.
La desnuda estaba divina, salomónica y oriental: era una joya diamantina la hembra del pavo real.
Los brazos eran dos poemas ilustrados de ricas gemas. Y no hay un verso que concentre el trigo y albor de palomas, y lirios y perlas y aromas que había en los senos y el vientre.
Era una voluptuosidad que sabía a almendra y a nuez y a vinos que gustó Simbad ... En Ecbatana fue una vez, o más bien creo que en Bagdad.
En las gemas resplandecientes de las colas de los pavones caían gotas de las fuentes de los Orientes de ilusiones.
La divina estaba desnuda. Rosa y nardo dieron su olor... Mi alma estaba extasiada y muda y en el sexo ardía una flor.
En las terrazas decoradas con un gusto extraño y fatal, fue desnuda ante mis miradas la hembra del pavo real.