Todo está en aquel sitio. Su caída levanta todas mis cualidades, porque sé que estas cosas son las que bien me obligan a no desperdiciarme.
Tal vez no hable con nadie sobre este niño muerto.
Yo llegaré a mi casa como todos los días; me sentaré a la mesa, tomaré mi jengibre, quizá acaricie el pelo de seda de mi gato, y tal vez dos palabras conmigo o con mi hermano sobre la lluvia o sobre la cosecha.
Tal vez no hable con nadie …
¿Qué puede hacer la edad de la palabra donde la eternidad parece un niño?