Llevo dentro del alma un amor a las cosas,
que es la esencia suprema de mi amor a la vida
mientras haya jazmines y pomas olorosas
¡qué importa que la dicha para mí esté perdida!
¿No hay ojos que me miren? Me miran las estrellas,
que no hay ojos humanos brillando así de amor
y envuelta en el nocturno de irradiaciones bellas
gozo las luminosas miradas del Señor
y aunque en vano he soñado una pasión ardiente
amorosas palabras yo tendré al escuchar
el murmurio del río, el canto de la fuente
o el verso imponderable que me recita el mar
me dará la montaña su base firme y fuerte
por ella sin desmayo ascenderé a la luz
y los pinos amigos, fieles hasta la muerte
me aguardaran constantes con los brazos en cruz.
Llevo dentro del alma este amor a las cosas,
que es la esencia suprema de mi amor a la vida
y él son fecundas raíces dolorosas
en la aridez estéril de mi ilusión perdida.