Todos iban corriendo. Tamboriles ligeros, cada pie, sobre la arena.
Aire, espuma, azahar, sobre las sienes, caricias de la mar, carnes morenas.
Todos iban corriendo menos uno que quería abrazarse a la marea. Todos iban corriendo por el aire casi, de tanto contemplar las velas y las altas gaviotas —blanquecinos presagios de la playa—. El mar se queja en su ruidoso abandonarse tanto, en su ansiedad de renovar sin treguas.
Todos iban corriendo, menos uno...
La tarde ya ha soltado su melena de sales y de vientos débilmente, con el último sol, pálida y ciega.
Yo lo vi con los brazos extendidos, pretendiendo abrazarse a la marea en un juego infantil y desbordante...
Locos y palpitantes, los otros van corriendo por la arena.
Es un muy buen poema, que avanza incontestable, como el mismo mar.
Ansiedad de renovar sin treguas. Qué bueno.
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Sacas unos poemas preciosos 🥰
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Muchas gracias, me alegra saber que te gustan
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