Viejos amigos – Santiago de Navascués

EL domingo por la tarde
la luz, incierta, vacila
como una puerta entornada
sobre la curva del día.
Los pájaros oscurecen
el cielo con sombras chinas,
bailan sobre el horizonte
y se alejan de mi vista.

Como un enigma, oscuro,
desaparece el domingo:
un sumidero de sombras,
pájaros en el abismo.
Y aquella luz tan extraña
que ahora miro tranquilo,
como se evoca, de pronto,
el rostro de un viejo amigo.

Deja una respuesta

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.