Sobre su larga muerte y esperanza
desnudo el cuerpo entero
—la palabra, la sangre, la memoria—,
definitivamente
será mi cruz
América Latina.
Dios, pobre y masacrado,
grita al Dios de la Vida
desde esta colectiva cruz
alzada
contra el sol del Imperio y sus tinieblas,
ante el velo del Templo estremecido.
Mañana será Pascua
—porque El ya es mañana para siempre—.
(Revestida de llagas y sorpresas,
vendrá por el jardín
la Libertad,
hermanos.
Y hay que poner ternura en las quenas despiertas
y quebrar los aromas solidarios
y conminar el miedo del sepulcro
desarmando a los guardas).
Pero hoy todavía es Viernes Santo.
Todos somos testigos,
entre dados y lanzas,
mientras la madre llora sobre el hijo ciado.
Yo no quiero negarme a ese misterio.
¡Yo no quiero negarTe!
América Latina
será mi cruz
definitivamente.
Archivo de la categoría: Poesia brasileña
Quizás esta soledad – Pedro Casaldáliga
Quizás esta soledad
sea palpar horizontes
donde la noche se cierra
y andar, a pesar del miedo,
cuando tantos se recogen
al abrigo, y la montaña
se nos viene toda encima.
Soledad no es estar solo,
es vencer la compañía
que nos detiene y seguir,
con la mochila del riesgo,
consciente de la frontera
y el destino de ser hombre.
En este Interlunio: – Ana Cristina Cesar
En este interlunio
Soy diluvio o me ahogo.
Y entre espectros que comprimen,
Nada se cumple,
El destino se hace polvo.
De querella y harina se yergue un ojo.
Las voces despetalan,
Los períodos se ablandan,
Oraciones enteras lentas se consumen,
En pozos hay sumirse de palabras sordas.
En este interlunio
Soy centella o hulla inerte.
Enorme tórsalo entra cuerpo adentro,
Entre los dientes, carne.
Arde el ente y escupe,
Escupida inútil invadiendo espacio.
Moléculas blandas coleando,
Víboras vagas rimándose,
Poetas quietos entreviendo
Cosas cosas que fallecen.
En este interlunio,
Soy cosa o poeta.
Circo – Mário Quintana
No escribo versos, yo me los arranco
retorciendo mis huesos doloridos.
La entrada es gratis para conocidos;
para amadas reservo el primer banco.
Me contorsiono, corro cojitranco,
caigo en los verdes plintos extendidos...
Mirad mi corazón que, entre gemidos,
hago surgir como un conejo blanco.
«Dios mío, nunca cambias el programa»,
la clara voz de mis amadas clama.
Se queja el público: «Qué aburrimiento...».
«¿Qué puedo daros nuevo o imprevisto?»
—digo, mientras cansado me desvisto—
«yo sólo sé sufrir, llorar... Lo siento».
Nada disimula la perfección del amor… -Ana Cristina Cesar
Nada disimula la perfección del amor.
Un auto en marcha atrás. Memoria del agua en movimiento. Beso.
Gusto particular de tu boca. Ultimo tren subiendo al
cielo.
Aguzo el oído.
Los aparatos que sólo hacen sonido ocupan el lugar
clandestino de la felicidad.
Necesito atarme al velamen con mis propias manos.
Sirgar.
Desde aquí al fondo de la reserva forestal oigo cosas que
nunca oí, pájaros que gimen.