Archivo de la categoría: Premio Cervantes

Pietat – Joan Margarit

El temps entre dos trens. S’hi ha acostat
buscant aquella guerra de la infància.
És patètic provar de conversar,
als cinquanta, amb el pare de vint anys.
Vora el vell riu fangós de la batalla,
gronxa herbotes el vent davant la làpida.
És una jove eternitat passant
com les aigües de l’Ebre, lluny de casa.
La tarda va tornant-se una campana
amb ocells foscos per camins de canyes.
Li va deixar un passat petit i gris,
acabat per la bala d’algun màuser.
De sobte, descobreix que està plorant
com un pare a la tomba del seu fill.

Barcelona – Joan Margarit

Aquest nom és encara un refugi.
La santedat civil de la cobdícia
i també l’exabrupte generós
dels morts a Montjuïc, enfront del mar.
On és aquella burgesia culta?
I aquells obrers que, a més del seu ofici,
se sabien poemes de memòria?
Què pot, encara, unir-me a una ciutat
a qui li veig la cara maquillada
com d’una mare morta?
Callat, escolto el ferro dels tramvies
que quan jo era jove passaven per la Rambla:
una sonata de pobresa i roses.
Però, a Montjuïc tinc dues filles,
i ara m’ofèn una gentada estranya,
que s’encega en la festa innecessària
d’hotels gelats i aparadors superflus.
Sol ser als refugis
on, a vegades, fa més fred que enlloc,
desolada ciutat que fas de puta.

IDENTITAT – JOAN MARGARIT

Què fer de les paraules al final?
Si vull trobar què sóc no puc buscar
més que en dos llocs: la infància i ara que sóc vell.
És on la meva nit és neta i freda
com els principis lògics. La resta de la vida
és la confusió de tot el que no he entès,
els tediosos dubtes sexuals,
els inútils llampecs d’intel·ligència.
Convisc amb la tristesa i la felicitat,
veïnes implacables. Ja s’acosta
la meva veritat, duríssima i senzilla.
Com els trens que a la infància,
jugant en les andanes, em passaven a frec.

Dignidad -Joan Margarit

Si la desesperanza
tiene el poder de una certeza lógica,
y la envidia un horario tan secreto
como un tren militar,
estamos ya perdidos.
Me ahoga el castellano, aunque nunca lo odié.
Él no tiene la culpa de su fuerza
y menos todavía de mi debilidad.
El ayer fue una lengua bien trabada
para pensar, pactar, soñar,
que no habla nadie ya: un subconsciente
de pérdida y codicia
donde suenan bellísimas canciones.
El presente es la lengua de las calles,
maltratada y espuria, que se agarra
como hiedra a las ruinas de la historia.
La lengua en la que escribo.
También es una lengua bien trabada
para pensar, pactar. Para soñar.
Y las viejas canciones
se salvarán.

POESÍA – Joan Margarit

Tampoco, como Sísifo, yo conozco mi roca.
La subo a lo más alto. Pero cae hasta abajo.
Vuelvo a buscarla, es pesada y áspera.
Aun así la caliento entre mis brazos
mientras vuelvo a subirla a lo más alto.
Es una extraña infelicidad.
Pienso que, todavía más cruel,
es no haber encontrado roca alguna
para subirla así, inútilmente.
Subirla por amor. A lo más alto.

Bar de noche – Joan Margarit

Desde la barra miro, más allá del cristal,
una calle oscura sin nadie y escucho
la disonancia dorada
del sol nocturno de la trompeta,
la abstracción donde acaba la lujuria.
Se necesita esta gran ciudad
para saber que estamos solos.
Trapos de niebla y conversaciones
abandonadas dan un tono frío
a lo que pienso, un agujero como una queja.
La lluvia en bruscas ráfagas golpea,
bajo faroles desolados, un parabrisas
de mi recuerdo. Detrás, tal vez, tú.

Ser viejo – Joan Margarit

Entre las sombras de los gallos
y los perros de patios y corrales
de Sanaüja, se abre un agujero
que se llena con tiempo perdido y lluvia sucia
cuando los niños van hacia la muerte.
Ser viejo es una especie de posguerra.
Sentados a la mesa en la cocina,
limpiando las lentejas
en los anocheceres de brasero,
veo a los que me amaron.
Tan pobres que al final de aquella guerra
tuvieron que vender el miserable
viñedo y aquel frío caserón.
Ser viejo es que la guerra ha terminado.
Es saber dónde están los refugios, hoy inútiles.

DESTINO – Ida Vitale

TE habrán ofrecido la mano,
condonado la deuda,
servido,
como si fuese posible elegir ya,
parálisis o sueños.
A esta hora los dioses carnívoros
habrán abandonado el bosque;
tramposos, te han abierto paso
para que te bajes hacia el círculo,
para que te equivoques
y digas: para qué
para que viendo, ciegues,
y con todas las músicas a tu alcance
llenes de cera torpe,
triste, tus oídos.

De cómo vino al mundo la oración – Luis Rosales

De lirio en oración, de espuma herida
por el paso del alba silenciosa;
de carne sin pecado en la gozosa
contemplación del niño sorprendida;

de nieve que detiene su caída
sobre la paja que al Señor desposa;
de sangre en asunción junto a la rosa
del virginal regazo desprendida;

de mirar levantado hacia la altura
como una fuente con el agua helada
donde el gozo encontró recogimiento;

de manos que juntaron su hermosura
para calmar, en la extensión nevada,
su angustia al hombre y su abandono al viento.