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Árbol Genealógico – José Manuel Caballero Bonald

Cómo sería aquel árbol sensitivo
que crecía en Argónida y tenía
invictas sombras y hojas de seda azul perenne
y flores barnizadas de un esplendor homérico.
Cómo se asomaría a un mar indescifrable
y alojaría en sus estancias nobles
tantos ungidos pájaros de antaño,
tantos héroes antiguos comedores de loto.
Oh hermética armonía de ese árbol
en cuya ilusa alcoba aprendí a no olvidar
y donde acudo de continuo
para seguir dudando
un poco más aún después de nunca.

Poema de la carne (Frg.) – Jesús Beades

He soñado esta noche con un cuerpo.
Era un cuerpo de agua. En él había
especies innombradas de ojos ciegos,
bellos corales de inauditas formas,
había estrellas de tersura intacta
y monstruos indecibles y gigantes
y sirenas de dulces pechos lentos
y ánforas de miel inagotable,
y yo quise quedarme y ya no pude
aguantar por más tiempo los pulmones
o morir y olvidarme entre las algas.
Mi cuerpo se fundía con la arena,
era suave, de abril, era un recuerdo
de lejanos portales, pechos blancos.
Cuando me desperté ya me pesaba,
el cuerpo me pesaba y era el mundo
pesando como nunca contra el suelo.
La vigilia era un rostro torturado
que decía mi nombre, era una cruz,
un ancla, un beso, un sueño que se olvida.

Déjame ahora, amor, que te maldiga… – Antonio Gala

Déjame ahora, amor, que te maldiga
con la palabra amarga y el castigo.
Déjame que me sienta tu enemigo
y a gritos déjame que te lo diga.

En la colmena, en la cuajada espiga
yo levanto mi voz y te maldigo.
En el tesoro de la miel y el trigo,
en el fugaz vilano y en la ortiga.

Maldito seas en las pleamares,
en el jazmín, el ónice, la arena,
en el sirguero y en su verde ramo.

Maldito en el jacinto y los azahares.
Y, en la albahaca, el junco y la azucena,
maldito yo también porque te amo.

Me desperté soñándote aquel día… – Antonio Gala

Me desperté soñándote aquel día
en que estrenó mi corazón latido,
y le puse tu nombre y tu apellido
al cielo, al sol, al mar y a la alegría.

Poco después, cuando la tarde fría
se echó a morir privada de sentido,
supe que, con la luz, tú te habías ido
y que jamás la luz retornaría.

Pero hoy mi corazón incontenible
siente otra vez brotar, como una fuente,
el ávido reclamo de la vida.

¿Por ventura es aún todo posible,
o es que el dolor prepara, reincidente,
con pasos de paloma su embestida?.

Noche inútil – Elena Martín Vivaldi

Le seul bien que me reste au monde est
d’avoir quelques fois pleuré…

MUSSET

Rompe tu indiferencia a mis suspiros,
oh luna, luna gris, austera y fría,
recuerda de mis voces los clamores,
no des, para mi mal, tu sombre esquiva.

No sentiré al mirarte, apasionada,
de los hombres el golpe de su risa,
fiel al destino cierto de mi sangre,
si luces, blanca, soñaré a tu orilla.

Abre la claridad de tu nostalgia
sobre mi alma —penetrante herida—;
revela a mi palabra, doloroso,
del Universo su secreto enigma.

Yo con mi llanto riegue tus estrellas,
con mi pasión la noche te persiga;
tiemblen mis labios, al sollozo amigos,
pálida tiembles tú de mi agonía.

La luna nos buscó desde su almena,… – Antonio Gala

La luna nos buscó desde su almena,
cantó la acequia, palpitó el olivo.
Mi corazón, intrépido y cautivo,
tendió las manos, fiel a tu cadena.

Qué sábanas de yerba y luna llena
envolvieron el acto decisivo.
Qué mediodía sudoroso y vivo
enjalbegó la noche de azucena.

Por las esquinas verdes del encuentro
las caricias, ansiosas, se perdían
como en una espesura cuerpo adentro.

Dios y sus cosas nos reconocían.
De nuevo giró el mundo, y en su centro
dos bocas, una a otra, se bebían.

A veces la memoria es una casa – Jorge de Arco

A veces la memoria es una casa
por habitar, un ámbito
oscuro, al que se accede
a través de un postigo que carece de llave,
pero que se resiste
a ser abierto.
Empujas
inútilmente. Un llanto
te llega desde el fondo
de las habitaciones desoladas,
y no hay nadie allá dentro, nadie vivo.
Nadie vive en sus largos corredores,
en sus salas de muebles polvorientos,
y sin embrago, queda
el eco lastimado
de unas pisadas que no cesan nunca
de resonar en los sombríos huecos
del corazón.

Árabe de Granada tú, y romano… – Antonio Gala

Árabe de Granada tú, y romano
yo de Córdoba, no nos engañemos:
aunque el amor acerque los extremos
siempre algo habrá recóndito y lejano.

En este misterioso mano a mano
en que hace tiempo ya que nos perdemos,
distintos y obligados seguiremos:
así el otoño va tras el verano.

Al verde altivo de Sierra Morena
no agravia el filo de Sierra Nevada,
ni mi silencio entre tus muros suena.

El agua por tu vega derramada
en mi campiña, oculta, se serena:
como el amor en Córdoba y Granada.

Intimidades – Santiago de Navascués

Al mundo le queda poca intimidad:
se ha cruzado el firmamento
innumerables veces
en busca de tierras nuevas
y apenas quedan islas,
árboles, bacterias
y especies sin catalogar;
el Oeste se ha agotado:
los desiertos proclaman
su vacío infinito
y son las montañas
meros deportes de riesgo;
los tigres, espectros de luz
en el visor de una cámara.

Al mundo le queda su infinita soledad,
encerrada en sus misterios:
la Polinesia, los volcanes,
el lenguaje secreto de las selvas,
la convulsión de cielo y tierra,
la tenaz marcha de los insectos,
los hielos que se resisten a enseñar
su corazón de cristal.
Le queda al mundo su silencio
ante los caprichos de un ser mortal.

A trabajos forzados me condena… – Antonio Gala

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,

porque, en este proceso a largo plazo,
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.