Con ríos
con sangre
con lluvia
o rocío
con semen
con vino
con nieve
con llanto
los poemas
suelen
ser
papel mojado.
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Tormenta – Juvenal Ortiz Saralegui
Hoy juega a los relámpagos el cielo.
Patina un rayo ebrio
sobre el patio universal de un trueno.
Y hay viento:
viento que galopa sobre la ciudad.
Se hincan los árboles;
los hilos del teléfono se ponen a temblar.
Desde mi ventana siento
el clarín rojo de la electricidad,
mientras las palabras cruzadas del cielo
se rompen en sílabas de agua infernal.
Hoy juega a los relámpagos el cielo:
reflector universal.
El fuerte lazo – Juana de Ibarbourou
Crecí
para ti.
Tálame. Mi acacia
implora a tus manos su golpe de gracia.
Florí
para ti.
Córtame. Mi lirio
al nacer dudaba ser flor o ser cirio.
Fluí
para ti.
Bébeme. El cristal
envidia lo claro de mi manantial.
Alas di
por ti.
Cázame. Falena,
rodeé tu llama de impaciencia llena.
Por ti sufriré.
¡Bendito sea el daño que tu amor me dé!
¡Bendita sea el hacha, bendita la red,
y loadas sean tijeras y sed!
Sangre del costado
manaré, mi amado.
¿Qué broche más bello, qué joya más grata,
que por ti una llaga color escarlata?
En vez de abalorios para mis cabellos
siete espinas largas hundiré entre ellos.
Y en vez de zarcillos pondré en mis orejas,
como dos rubíes, dos ascuas bermejas.
Me verás reír
viéndome sufrir.
Y tú llorarás.
Y entonces… ¡más mío que nunca serás!
Después – Cristina Peri Rossi
Y ahora se inicia
la pequeña vida
del sobreviviente de la catástrofe del amor:
hola, perros pequeños,
hola, vagabundos,
hola, autobuses y transeúntes
Soy una niña de pecho
acabo de nacer
del terrible parto del amor
Ya no amo
Ahora puedo ejercer en el mundo
inscribirme en él
soy una pieza más del engranaje
Ya no estoy loca.
Educación sentimental – Cristina Peri Rossi
Si fuera analfabeta
aprendería en su cuerpo
a leer con códigos
que tienen los pájaros
con códigos que tienen las aguas
y el abecedario transparente
de su desnudez
forma de la luz
reflejada en el espejo
—ajedrez oscuro—.
LA MAÑANA DESPUÉS DEL DILUVIO – Cristina Peri Rossi
En el círculo enloquecido de las aguas pluviales
en el torbellino vertiginoso de las aguas marinas
lentamente, comienza a amanecer -a amainar-.
Comienza a amanecer
en el centro líquido de la tormenta
embrión rojizo
óvulo fecundado
célula primigenia
en cuyo interior
flota
el bajel sobreviviente
que eleva su mástil su falo
mientras las aguas
súbitamente amansadas
dejan de caer
dejan de rotar.
Fetiche – Cristina Peri Rossi
Fetiche tu cuerpo
fetiches tus pechos
fetiches de mi deseo tu lujuria
tu clítoris tu vagina
fetiche cebado tu bárbara matriz
oscuro túnel de mi deseo
fetiches tus nalgas, lunas paralelas
fetiches tus labios blancos
fetiche tu orgasmo desgajado
raíz del fondo de la tierra
fetiches tus gemidos parturientos
tus súplicas perentorias
fetiches de mi deseo tus lóbulos
tus pies pequeños
tu nuca tu boca tus cabellos.
Fetiches de mi deseo
que agitan mi imaginación
y turban mi sueño.
Cuentas claras – Cristina Peri Rossi
No sería raro
que un día cualquiera
—hoy, por ejemplo—
me dijeras la cifra exacta de dinero
que cuesta nuestro amor
en viajes
hoteles
e interminables llamadas telefónicas.
Al fin y al cabo
el dinero todo lo mide
así que si este amor
nos cuesta mucho dinero
será que es amor del bueno
del importante.
Sin embargo
recuerdo:
una vez
en mi juventud
fui feliz compartiendo el único cigarrillo
en un cuarto de pensión
fui feliz haciendo el amor a la intemperie
entre los juncos
fui feliz sin hotel
ni casa ni teléfono
ni lencería de encaje.
Tenía sólo dieciocho años.
Enamorarse y no – Mario Benedetti
Cuando uno se enamora las cuadrillas
del tiempo hacen escala en el olvido
la desdicha se llena de milagros
el miedo se convierte en osadía
y la muerte no sale de su cueva
enamorarse es un presagio gratis
una ventana abierta al árbol nuevo
una proeza de los sentimientos
una bonanza casi insoportable
y un ejercicio contra el infortunio
por el contrario desenamorarse
es ver el cuerpo como es y no
como la otra mirada lo inventaba
es regresar más pobre al viejo enigma
y dar con la tristeza en el espejo
Como una sola flor desesperada – Juana de Ibarbourou
Lo quiero con la sangre, con el hueso,
con el ojo que mira y el aliento,
con la frente que inclina el pensamiento,
con este corazón caliente y preso,
y con el sueño fatalmente obseso
de este amor que me copa el sentimiento,
desde la breve risa hasta el lamento,
desde la herida bruja hasta su beso.
Mi vida es de tu vida tributaria,
ya te parezca tumulto, o solitaria,
como una sola flor desesperada.
Depende de él como del leño duro
la orquídea, o cual la hiedra sobre el muro,
que solo en él respira levantada.