Pienso en tu sexo… – César Vallejo

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la sombra,
aunque la muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, si, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.

¡Odumodneurtse!

UN VASO DE AGUA – Rafael Courtoisie

Beber un vaso de agua es un acto perfecto,
lleno de violencia.
Beber un vaso de agua es matar la transparencia
beber silencio absoluto. Beber silencio.
Beber es como vivir
beber agua es morirse.
Un vaso de agua es un trozo absurdo del tiempo
sin sonido, sin voz, un pedazo laxo
abandonado, demente
de la inocencia.
Un vaso de agua es una piedra de la tristeza
la tristeza misma en pedazos, un canto de la tristeza
el canto del agua, la luz del agua, su cuerpo
una lágrima viva.

El agua separa los continentes
los ríos mojan la mente.
Pensar un río es regar el cerebro
la vida que sufre
el alma seca.
Esa agua, la vida que está en el vaso
se apaga, como una luz, en la lengua.

La belleza humedece las palabras
que nombran el agua.
Y la sed apaga de un trago la belleza.

Palabras para una despedida – Francisco Brines

A Juan Gil-Albert

Está la luz despierta,
y se adentra en los ojos el contorno del monte,
y el grito de los pájaros desvanece el oído
al venir de los húmedos huertos.
Los blancos pueblos de la costa,
felices de lujuria y juventud,
alientan junto al mar, lejanos.
No estoy allí, mas lo que fui deseo:
la dicha viva, los sentidos borrados,
ahora que en el jardín el tiempo se arrincona en las sombras,
y el olor de las rosas sube al aire.
Hay humos blancos y calladas palomas
en la altura, y voces que se alejan,
hay demasiada vida para una despedida.

Y un día habrá de ser,
sin que la grata luz, las voces de la casa,
los cultivos del huerto, los días recordados
de la remota y breve juventud,
ni tampoco el amor que me tenéis,
retrasen la obligada despedida.

Tendré que aposentarme en la aridez
y perdida la imagen de este mundo
y perdido yo mismo,
siento que aquel reposo será estéril,
que la vida no fue, que el fervor
de cualquier despedida es un engaño.

El olvidado – José Hierro

Ya se ha parado tu tiempo,
pobre criatura.

A qué corazón irás
a derrumbarte, qué tumba
pudrirá tus pobres huesos
cuando tu tiempo se pudra…

Y quién pasará y dirá:
‹‹aquí fue un hombre››, qué música
será tu nombre, qué llama
tu memoria, qué penumbra
se iluminará, de pronto,
con tu luz oscura
(tu sombría luna…).

Ya se ha parado tu tiempo,
pobre criatura.
Y qué serás tú, sin tiempo,
piedra temporal, columna
del granito de la muerte,
rompeolas que retumba
cuando le hienden las olas
con hachas-espumas…

Qué serás, libre en la noche
total, pobre criatura,
qué memoria, estela, huella
dejó tu planta desnuda
–madera del sueño–,
tu planta desnuda.

Y quién pasará y dirá:
‹‹aquí fue un hombre››, qué música
será tu vestigio, quién
pondrá flores en tu tumba.
Qué descolorida hazaña
tuya pudrirá la lluvia.

Pobre criatura, leño
de sueño. Brote que acuna,
florece, moja, despoja
el tiempo (el sueño)… qué brusca
tu madrugada sin tiempo,
tu eternidad, ya madura,
piedra temporal, tallada
por el tiempo, carne dura
de tiempo, nacido para
el tiempo (el sueño), escultura
de tiempo, errante planeta,
pobre criatura,
descuajada ya del tiempo,
libre en la noche absoluta.

Negras – Enrique Lihn

Lucen como si alguno de los dioses,
embullado, le diera por vaciarlas
a una todas en un mismo molde,
noche, el de tu belleza. La que hoy
–dice otra por reír– cayó del árbol:
ñata, pasuda, con su bemba, es
harina negra de un costal unívoco.
Contra la luna el galve de un trasero real,
cuerpo ético el tuyo, palma reina;
sutil, compacto enjambre de amorosas.
El cabello ¿no suena con el viento?
¿La piel no endulza? Cauteriza
nuestra blancura tantas veces peste.
Parecería el corazón un fruto
según el caso venenoso o no
–Ay qué cosa más grande, caballero–
pero esto sí probadamente mágico.
Y los ojos
que juegan a mirar luego se clavan
en plena vida, y en este blanco soy,
este amoroso de tu noche, Habana.

ESCRIBA DEL ESPEJO – Bernardo Schiavetta

si con amor de espejo ama el escriba
lo que el escriba envía a su reflejo
se trascribe y se aviva en el espejo
que así esta carta le devuelve donde
su fiel reflejo al punto le responde
“AVNA y AMA YA” “AY AMA Y AVNA”
su fiel reflejo al punto le responde
que así esta carta le devuelve donde
se trascribe y se aviva en el espejo
lo que el escriba envía a su reflejo
si con amor de espejo ama el escriba