El mar rompiendo mudo, el sol de Agosto
que no abrasa ni ciega, el vocerío
distante y apagado: al fin reposo
sin urgencia ni peso de las armas.
Flotan y se disuelven los sentidos;
desciende un leve velo y los aquieta
en una densa paz de sueño y sangre,
con pulcritud y aroma de guirnalda
negra, mientras apaga un amorcillo
su antigua antorcha, y tiembla como llama
—espejismo de amor reverberado—
una mujer muy relamida y suelta,
señalando por burla con el dedo
la nada a donde voy, con mi tesoro
de gentil amoroso acatamiento,
de versos en su honor tan bien medidos.
Poesía de todas la épocas y nacionalidades