Porque Tú lo has querido vivo y siento
dentro de mí la hoguera de la vida.
Mi corazón es sólo una encendida
llama de voluntad erguida al viento.
Tengo vivo, Señor, el pensamiento
como dulce colmena, donde anida
la miel de cada ruta conseguida
tras la sorpresa de cualquier momento.
Vivo, Señor, y de la nada vengo
caminando a la muerte decidido.
Sé que desde tu altura me acompañas.
Y, porque lo has querido, sé que tengo
todo el mundo a mis plantas extendido
y una llama de amor en las entrañas.
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Madrigal – Luis López Anglada
Desde esta mañana, amor,
la rosa será más rosa
y más vivo el ruiseñor.
¡Y tú sin saberlo, amor!
La fuente mucho más clara
mojándome de alegría
con agua fresca la cara.
Y el cielo, desde hoy, azul,
y, dentro del cielo, dios...
¡Y tú sin saberlo amor!
Despertar – Luis López Anglada
Mi niña, al despertar, desaliñada,
casi como las rosas, o más breve,
duda entre niña y pájaro, se atreve
a inaugurar la aurora de la almohada.
Mi niña de la nube o de la nada
debe venir cuando despierta. O debe
de los vientos venir, de los que bebe
mi vida a sus rosales limitada.
Beber vientos, atarse a una camisa
que duda entre las alas y la brisa,
diminuta extensión que el mar quisiera.
¿Qué rey me compra el despertar? ¿Quien sabe
porque es tan breve el mundo y por qué cabe
en una habitación, la primavera?
Cuenta cómo sucedió lo de enamorarse – Luis López Anglada
Sucedió que aquel año se decía
que los tiempos cambiaban. Cierto era;
aquel año empezó la primavera
cuando apenas enero se moría.
Aquel año la tarde convertía
en campos de pasión la Tierra entera
que, por cazar, el alma fue campera
y la caza le hirió que perseguía.
Sucedió que era invierno, que el destino
preparaba un asombro campesino
de manos blancas y sandalia breve.
Y me encontré en Castilla deslumbrado
con todo el corazón enamorado
como una antorcha en medio de la nieve.
Soneto de Amor – Luis López Anglada
Te sigo, amor; herido en tus colmenas
tengo mi corazón sin esperanza.
Sé que eres fuego y siento cómo avanza
tu posesión de llamas por mis venas.
Sé que eres hierro, amor, y me encadenas
sellando de agonías tu alianza.
Sé que eres sed y siento cómo avanza
mi corazón y de avidez lo llenas.
Herido estoy, amor; certeramente
sigo tu luz o sigo tu amargura
sin comprender mi corazón siquiera.
Sólo sé que te sigo ciegamente
y es posesión de cielos mi ventura
y claridad de gloria mi ceguera.