Archivo de la etiqueta: Poesia española

Embarque – Verónica Aranda

                        Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,
                                pide que tu camino sea largo,
                                rico en experiencias, en conocimiento.
                                                  Konstantino Kavafis
Sé que el viaje también era una forma
de escapar del amor o de entendernos
sacrificando establos sosegados.
Sin indagar el rumbo,
subirse a la primera caravana
y percibir en ruta, a la intemperie,
todo el peso que tienen las palabras
medidas en la ausencia,
y la revelación de una posible
entrega cuando intuyo el panteísmo
al paso de un rebaño tramontano,
y a dos jornadas de las atalayas,
vaciada de brújulas la alforja,
atravesar ciudades invisibles.

Cúspide – Concha García

U olvidar. Hacia atrás sueño.
La rareza de un bosque en un póster
sobre la aguja del reloj. Te tuve
cuando no te tenía, corre brisa
tanto corre que ventea. Un libro
y dos páginas leídas, qué cuerpo
tienes. Ya no te quiero, qué hermoso:
ya no te quiero. Me da perplejidad
tomarte de la mano, y tus rayas
qué largas, no te vas a morir nunca.
Paseo de invierno. Es verano
fue trescientos sesenta y cinco días antes
más o menos, me miraba en el espejo
para peinarme y no amanecía.
Proyectaba aunamientos con nadie
más sola que tú. Conoces
el estertor y el declive.
Yo de fatiga, cuánto te quise.

La lenta vigilia de la noche me arrastra… – Paloma Palao

La lenta vigilia de la noche me arrastra
al vacío y observo que la longitud de mi descubrimiento
prepara la llama, más allá de la mano
que crepita encendida. Quieta como el sudor
la paz invade la longitud de nuestra proposición,
mientras la intensidad del gozo
inquieto nos denuncia. Nada hay
sobre la garganta, que no haya sido
denunciado en la asfixia. La soledad
comprende su lento dolor y la paz confunde 
el dolor con la integridad de la miseria.

Cuaresmas de don Carnal – Joaquín Sabina

De luto por el velorio de la sardina,
con tres espinas a sueldo de un carcamal,
me vi vomitando el zumo de otra cantina
pagando los platos rotos de don Carnal.

Cuando le salen eccemas a la hermosura doña
Cuaresma rescata el garrote vil, y braman
los talibanes de la tonsura, para alcaldes carnales,
el de Madrid.

Apesta España a cucañas electorales,
fomentan las alimañas en recesión patrañas
con anatemas episcopales para los pobres
mortales sin redención.

Afino mucho mejor cuando desentono, la
brocha gorda me pone más que el pincel,
comentan que Gallardón se parece a Bono
aunque no sea consuegro de Raphael.

Pues claro que marzo anhela una izquierda
unida y fuerte, don Llamazares, añado yo, no
me regañe usted, que, en esta movida,
queremos muy parecidas urnas los dos.

El extranjero – Paloma Palao

En soledad y tinieblas busco
tu cuerpo grave —atmósfera que cubre
de hiedra la pared— y me apoyo en sonrisas
diluidas en nieve, corro hacia donde más crece
la ilusión de tu voz. Buscar
siempre en tinieblas,
y en tinieblas perdiendo, perdiendo
cuerpos graves, lo que nunca encontré,
esta es ya mi sustancia, rumbo
donde me muero, tacto donde la entrega
se entorpece en la piel.

Ausencia – José Luis Hidalgo

He aquí pájaro humano de lenguas devoradas, Señor.		
He aquí mi llegada sin descanso sobre la yerba		
a tanto andar color violeta		
a tanto llorar por ojos enemigos		
en verano que avanza avanza avanza.		

Que delgadez en el frío de esta flor		
suspirada hasta nube		
en el canto de este árbol inclinado		
hasta besar el origen de las especies.		
Este venir a mí la tarde		
con pies de pluma distinguida por		
desiertos viajeros hasta el viento		
donde humo de besos espera la llegada		
de este llegar tendido a no sé dónde.		

Te quiero suavemente desde aquí		
sin que notes mi amor rosa-azul		
en este tanto andar andar andar		
color violeta que se derrumba y piensa.

Ritos – Paloma Palao

Sobre la sombra, el deseo
esmalta la alondra
que vive en mi cuerpo, desnudo mensaje
para tu nieve. Vuelco
el vino en la tarde, apoyo
la memoria en la genuflexión, pájaro
que me curte, tersura
para el cristal. Viajo en la oscuridad
pero sé
que mi alondra
te canta en la superficie, bálsamo
que ahoga, balcón
desde donde la sombra corre. Busco
la cumbre de nieve,
látigo para la piel que no duele.