Es mentira
que mi corazón porque palpita
esté despierto.
Sus latidos son tan sólo
el goteo
de su llanto glacial
como el que llora al fundirse
el témpano de hielo.
Es mentira
que mi corazón porque palpita
esté despierto.
Su misión se reduce
a mantener de pie
a un muerto
que esperanzado
aún persigue sus sueños.
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Indicio – Rubén Márquez
Mi boca besó de ti la tarde
aquello de humedad fundida
que tienen las horas transcurriendo entre tu falda.
Siempre fuiste aquel momento
ese silencio escondido tras la brisa
ese dulzor que duele de tanto repetirse
como la lluvia que nos cambia.
Mis besos estuvieron tan presentes
que tocaron tu presencia y abrigaron tu partida
dejando huellas de humedad que se evapora.
Pero hoy el viento se escabulle
es un oleaje que te toca
un indicio
una mirada del tiempo que regresa.
Expectación – Amado Nervo
Siento que algo solemne va a llegar a mi vida.
¿Es acaso la muerte? ¿Por ventura el amor?
Palidece mi rostro, mi alma está conmovida,
y sacude mis miembros un sagrado temblor.
Siento que algo sublime va a encarnar en mi barro
en el mísero barro de mi pobre existir.
Una chispa celeste brotará del guijarro,
y la púrpura augusta va el harapo a teñir.
Siento que algo solemne se aproxima, y me hallo
todo trémulo; mi alma de pavor llena está.
Que se cumpla el destino, que Dios dicte su fallo,
para oír la palabra que el abismo dirá.
Sommelear – Julia Santibáñez
Destiladísimo,
catamos este beso
con veinte años de añejamiento,
tinto de beso reposado de antojo,
en su punto de oscuro.
Doscientos cuarenta meses de saboreo
por este beso,
reserva de la casa
Esas y no otras – Julia Santibáñez
A las casas pequeñas
las cuidan faroles en la puerta,
las resguardan vallas de arbusto.
A las niñas que viven dentro
nada las defiende en sus camitas,
nada,
de las noches confusas
y calladas.
Cuándo la noche – Julia Santibáñez
Pobre de ti.
No tengo tu camisa, el cinturón,
no tu anillo,
el dije por fetiche.
Me quedé sin un botón
que fuera sobre tu cuerpo
a manera de amuleto.
Ni tu cuerpo.
Entonces no sé cómo el presagio
dónde el invierno
cuándo la noche.
Pobre,
pobre de ti.
Espejo – Julia Santibáñez
Me inunda el miedo de hallarte una tarde
pechos en cabestrillo
vientre lleno de agua
Julia rota.
Miedo de encontrarte en mi piel
anciana helada.
(Hoy escupo en tu nombre
y te odio en mi vello.)
Miedo de la aridez de tu féretro
de la lujuria marchita
de la saliva inútil.
(Hoy no te conozco y te consagro mucha tinta.
Un día, tu entrepierna desolada ya no merecerá
ni una línea.)
Miedo,
Julia.
Inminencia – Julia Santibáñez
Estoy sangrando.
Ellos me rondan,
tiburones hambrientos.
A largo plazo – José Emilio Pacheco
Valiente en la medida de su maldad,
la gota se arriesga
a perforar la montaña
en los próximos cien mil años.
La noche en blanco – José Emilio Pacheco
Viene la noche con su gran manto de espinas
a dormir en la cama de los insomnes.
Y a falta de esa muerte provisional,
de esa honda ausencia donde flota el cuerpo,
esa novela que urde en blanco el silencio,
deja en la mente la conciencia trágica,
el archivo salvaje, la foto ilesa,
la vuelta intolerable de todo aquello.
de lo que no quisieran ni acordarse.