DE pie.
Para no enredarse con la sombra.
La sombra ensambla referencias
equívocas. Cabeza y rodilla,
por ejemplo. O peor,
hombro y objeto sanitario.
De pie.
Para abreviar.
DE pie.
Para no enredarse con la sombra.
La sombra ensambla referencias
equívocas. Cabeza y rodilla,
por ejemplo. O peor,
hombro y objeto sanitario.
De pie.
Para abreviar.
Y primero era el agua:
un agua ronca,
sin respirar de peces, sin orillas
que la apretaran…
Era el agua primero,
sobre un mundo naciendo de la mano de Dios…
Era el agua…
Todavía
la tierra no asomaba entre las olas,
todavía la tierra
sólo era un fango blando y tembloroso…
No había flor de lunas ni racimos
de islas… En el vientre
del agua joven se gestaban continentes…
¡Amanecer del mundo, despertar
del mundo!
¡Qué apagar de fuegos últimos¡
¡Qué mar en llamas bajo el cielo negro¡
Era primero el agua.
Desbandada de pájaros en la hora altísima del fuego
no tu mano en señal de la piedra que es cimiento
no tu aliento en surco de piel por nuestro cuerpo
no del vientre ni del pasmo que sobreviene
sino de aquellos que se llaman desde lejos
No gemido
no hueco
sino hallazgo de saberse uno tan de otro
Misterio y quebranto del misterio
Silencio y pulso
que bautizan lo innombrable
lumbre que agrava con su monzón
y que arrebata y desnuda y cimbra a su paso
el estero que se forma
cuando el abrazo es un relámpago
No fulgor
no reciedumbre
sino atisbo de lo previo y del siempre
porque sólo se guarda lo querido
o lo alguna vez parte del corazón.
Evanescencia.
Crecí
para ti.
Tálame. Mi acacia
implora a tus manos su golpe de gracia.
Florí
para ti.
Córtame. Mi lirio
al nacer dudaba ser flor o ser cirio.
Fluí
para ti.
Bébeme. El cristal
envidia lo claro de mi manantial.
Alas di
por ti.
Cázame. Falena,
rodeé tu llama de impaciencia llena.
Por ti sufriré.
¡Bendito sea el daño que tu amor me dé!
¡Bendita sea el hacha, bendita la red,
y loadas sean tijeras y sed!
Sangre del costado
manaré, mi amado.
¿Qué broche más bello, qué joya más grata,
que por ti una llaga color escarlata?
En vez de abalorios para mis cabellos
siete espinas largas hundiré entre ellos.
Y en vez de zarcillos pondré en mis orejas,
como dos rubíes, dos ascuas bermejas.
Me verás reír
viéndome sufrir.
Y tú llorarás.
Y entonces… ¡más mío que nunca serás!
Ven. Seremos.
Adolorarse
el cuerpo de estar solo
de andar hecho una mueca
exprimido por dentro
harto de llevarse puesto
y sobrarse
tan poquito de alma
tan sin sombra.
Amo
toco el fondo de mi carne fiera.
Sobre el lecho inflamado y en silencio
te necesito
eterno de quien ignoro el nombre.
Tras mamar el pecho suave
el niño llora
siente no sé qué hambre callada.
Como a él, a mi otra carne
insaciable
le apeteces.
¡Si os encerrara yo en mis estrofas,
Frágiles cosas que sonreís,
Pálido lirio que te deshojas,
Rayo de luna sobre el tapiz
De húmedas flores, y verdes hojas
Que al tibio soplo de Mayo abrís,
Si os encerrara yo en mis estrofas,
Pálidas cosas que sonreís!
¡Si aprisionaros pudiera el verso,
Fantasmas grises, cuando pasáis,
Móviles formas del universo,
Sueños confusos, seres que os vais,
Ósculo triste, suave y perverso
Que entre las sombras al alma dais,
Si aprisionaros pudiera el verso
Fantasmas grises, cuando pasáis!
Yo creo que eres Dios.
Tú crees que eres Dios.
Ambos somos devotos de ti.
Porque no entiendes nada
muerdo un reproche
y lo escondo en mis pliegues
y espero ahí
porque no te puedo decir
que quiero ser tu amante
tu amiga o tu mujer
o todo lo que pueda ser contigo
menos tu nada
porque ya te estás yendo
y me quedo arrumbada
y quiero ser yo
por una vez
quien decida cómo hundir las uñas
a ver si entiendes
cuánto miedo cabe en un cuerpo