El barco del agua – Pureza Canelo

Si escribo tan oscuro, tan dentro,
será por esa duda
que vegeta en la cuesta
del hombre que camina
y otro tobogán reaparece.

Los misterios se atreven
a una labor
del inocente que los prolonga.
¿Quién no está tentado, convencido,
de bajar por la cuerda
al pozo que nos mira desde arriba?
¿Alguien que era ciego
no abrió su maleta
en el campo esperando
el terrible adorno de la luz?
Pero ni siquiera se me puede consentir que explique,
porque la moneda cayó antes del dominio
propio de la palabra.

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