I
Proyecto de mi amor es el paisaje
con su misma sutil improcedencia,
maceración de brumas y de ausencia
y vertiente de áspero abordaje.
Multiplica en erótico miraje
la ciudad mi dolor y tu presencia,
y afluye la obsesión a la conciencia
en fatigado, turbador oleaje.
Cuando aun la piedra exánime te nombra,
en vano retrocede mi suspiro
desatando el camino de tu sombra;
en vano te defiende mi retiro;
roto estás en el polvo que lo alfombra
y en el aire de plomo que respiro.
II
Miente mi corazón cuando te ama,
hecho intérprete fiel de mi sentido,
como el eco en abismo percibido
que el viento, no la voz, forma y derrama.
Este imperioso afán que te reclama
no en el centro del alma fue nutrido;
me ha turbado sin ti, como el sonido,
es ajeno a mi ser, como la llama.
Cuando la sangre al corazón satura
de sólo tu sabor –término medio
en loco silogismo de amargura-,
inaccesible al implacable asedio,
como trozo de plomo en agua oscura
húndese el alma en silencioso tedio.
III
Mi cumbre solitaria y opulenta
declinó hacia tu valle tenebroso,
que oro de espiga ni frescor de pozo
ni pajarera gárrula sustenta.
En tu luz gravitante y malicienta,
quebrado el equilibrio del reposo,
vago sobre tu espíritu medroso
como un jirón de bruma cenicienta.
Libre soy de tornar a mis alcores
de Eros impúber la zampoña toca
ceñido de corderos y pastores,
mas a exilio perpetuo me provoca
la chispa de tus ojos turbadores,
la roja encrespadura de tu boca.
IV
Del ser que alienta y del color que brilla
me separa tu cálida presencia,
clausurando el sentido en la vehemencia
de una noche sin fondo y sin orilla.
En ella mi tortuosa pesadilla
te confiere su trágica opulencia,
y tórnase inmortal como una esencia,
siendo que eres trivial como una arcilla.
Te he engendrado en mi lumbre y mi universo,
en tu forma plural he proyectado
la queja vaga y el afán disperso.
Dudando está el espíritu sitiado
si eres mi sangre disculpada en verso
o mi dolor en carne figurado.