AHORA es ayer, cuando te imaginabas
contra la gala real del cielo abierto,
en calma. Ahora sí, ya has llegado
al mercado del inútil saber.
Inesperados ámbares rezagan
un fósil de otro tiempo, llegan sueños,
recuerdos analgésicos, sensatos,
pero sólo algo como algas queda
escurriendo de manos que ignoraron
siempre el arte de asir el bien que huye.
Abrumado lo que se creyó a salvo,
sin fe ya esperas lo poco que resta.
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Visión oscura – Ida Vitale
AL tajo de penumbra
resbalan posos de otros días,
mientras, tras los vidrios velados
veo partir los indecisos estorninos.
En la ventana recalan
ecuaciones, no su angustiosa solución,
no su elusión. Si torpes,
quizás no sean inútiles ni tramposas:
las plantean fantasmas que,
ajenos a tentación o cautiverio,
apenas dicen que ya pasó su tiempo
y se evaporan hacia un silencio
que ya no oculta nada.
Monstruos – Dámaso Alonso
Todos los días rezo esta oración
al levantarme:
Oh Dios,
no me atormentes más.
Dime qué significan
estos espantos que me rodean.
Cercado estoy de monstruos
que mudamente me preguntan
igual, igual que yo les interrogo a ellos.
Que tal vez te preguntan,
lo mismo que yo en vano perturbo
el silencio de tu invariable noche
con mi desgarradora interrogación.
Bajo la penumbra de las estrellas
y bajo la terrible tiniebla de la luz solar,
me acechan ojos enemigos,
formas grotescas me vigilan,
colores hirientes lazos me están tendiendo:
¡son monstruos,
estoy cercado de monstruos!
No me devoran.
Devoran mi reposo anhelado,
me hacen ser una angustia que se desarrolla a sí misma,
me hacen hombre,
monstruo entre monstruos.
No, ninguno tan horrible
como este Dámaso frenético,
como este amarillo ciempiés que hacia ti clama con todos sus tentáculos
enloquecidos,
como esta bestia inmediata
transfundida en una angustia fluyente,
no, ninguno tan monstruoso
como esta alimaña que brama hacia ti,
como esta desgarrada incógnita
que ahora te increpa con gemidos articulados,
que ahora te dice:
«Oh Dios,
no me atormentes más,
dime qué significan
estos monstruos que me rodean
y este espanto íntimo que hacia ti gime en la noche».
Esta Oración – Juan Gelman
Bajo la noche tiemblan mis cenizas, amándote, llamándote.
Cómo la soledad vino creciendo, oh gran señora del amor,
lejos estás, estás sola de mí.
De tu nombre entro al día sin embargo,
inventaron mi boca para decir tu nombre.
La luz que sube de tu nombre.
Tómame
no me dejes
ya que me has hecho mayor que mi muerte
Cuba
mi tristeza de ti va encendiendo la noche,
mi alegría de ti va encendiendo la noche.
Más verdad – Jorge Guillén
Sí, más verdad,
Objeto de mi gana.
Jamás, jamás engaños escogidos.
¿Yo escojo? Yo recojo
La verdad impaciente,
Esa verdad que espera a mi palabra.
¿Cumbre? Sí, cumbre
Dulcemente continua hasta los valles:
Un rugoso relieve entre relieves.
Todo me asombra junto.
Y la verdad
Hacia mí se abalanza, me atropella.
Más sol,
Venga ese mundo soleado,
Superior al deseo
Del fuerte,
Venga más sol feroz.
¡Más, más verdad!
La inundación – Juan Gelman
El agua que faltaba se lo ha llevado todo.
Hay barro para echarse
a mirar cómo el aire construye sus paredes.
Arriba
el cielo crece.
Baje, cielazo, envuélvame
esta cosa:
por el frío camina solo un temblor de niño.
Poemas con el hijo – Juan Gelman
Dice la palabra poesía por primera vez
¿Sabes el tiempo, todo el tiempo,
entre esa palabra y tu tiempo?
¿Sabes el aire, todo el aire,
entre esa palabra y tu aire?
¿El mar, acaso, sabes, el dolor,
el amor, la tierra, la muerte,
sabes,
entre esa palabra y tus finísimos hilos?
¿Llegó hasta ti como una magia,
como una vejez de pronto?
¿Mojó con agua delicada
tu agua, la purísima, la quieta?
¿Te coronó de viva luz?
¿Puso en tu voz harinas dulces?
Quién dirá alguna vez lo que sucede
cuando dos niños se besan.
Pregunta qué es el agua
Olvido, olvido.
Un largo camino puro hacia el olvido.
Una joven memoria del olvido.
Una lágrima sola
mirando y olvidando lo que somos.
Lo que olvidó, lo que olvidó la muerte.
Hasta que la dijiste.
Que podrá ser ahora que tu temblor es dentro de ella.
Sonríe
¿Y alguna vez he sonreído así?
¿Fui como tú de luz, candor que tiembla?
¿Supe dar la mañana, confundirla,
equivocar al mundo?
¿Fui como tú despertador
de la ternura quieta? ¿Agua capaz?
¿Detuve al aire, al gran maestro?
La pureza más desnuda es en tu boca
y avergüenza.
Ángeles, ángeles.
Quien dice que los vio, nunca los vio.
El que los ve se canta para adentro.
Digo cómo lo quiero
Caminarás, caminarás.
Cielo, aire con nombre,
hijo a quien digo hijo sin saber,
sin comprender, y no,
cómo pudo ocurrirnos la pureza.
¿Qué agua secreta dimos a beber al amor?
¿Qué intocada sustancia
teníamos aún, qué cosa, qué,
pudimos dar acaso? ¿O el amor?
¿O el temblor de la dicha que soñamos?
¿O abril que regalaba su misterio?
Caminarás, en cambio.
Pondrás tus ojos a mirar el mundo
impuro, impuro todavía.
Mucho más que quererte:
suelo amarte con pena.
Alouette – Juan Gelman
Bendita la mano que me cortara los ojos
para que yo no vea sino a ti.
Y si me cortaran la lengua, su silencio
cantaría lleno de ti.
Y si me cortaran las manos, su memoria
sabría acariciarte a ti.
Y si me cortaran las piernas, su vacío
me llevaría hasta ti.
Y si luego me mataran
aún quedaría todo mi dolor de ti.
Los niños – Juan Gelman
Les agradezco estar, amanecer.
Puros, azules, limpios, asomándose
detrás de la camisa, con la sonrisa puesta,
el pájaro en su sitio, el asombro en su lugar.
Bajo sus delantales la ternura hace ruido,
y todavía creen en el aire,
en la flor, en el cielo, en los rincones.
¡Vivan! ¡Vivan los niños y su gran campana,
tocando a muerto, a hombre, cuando crecen!
Dejad entonces, ciegos, que yo vaya a los niños.
Salinero – Rafael Alberti
...Y ya estarán los esteros
rezumando azul de mar.
¡Dejadme ser, salineros,
granito del salinar!
¡Qué bien, a la madrugada,
correr en las vagonetas,
llenas de nieve salada,
hacia las blancas casetas!
Dejo de ser marinero,
madre, por ser salinero.