Los suspiros son aire, y van al aire.
Las lágrimas son agua, y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?
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Amor, amor, catástrofe del mundo – Antonio Hernández
El amor es una campana un segundo después
de ser tañida. Luego, se extiende el beso
por la luz, anida en ella, por ella
se proyecta en el aire igual que si salvara.
Y así se nos engaña a pesar de la flecha
que ha atravesado nuestro corazón.
Hubo un tiempo… – Ana Rossetti
Hubo un tiempo en el que el amor era un
intruso temido y anhelado.
Un roce furtivo, premeditado, reelaborado durante
insoportables desvelos.
Una confesión perturbada y audaz, corregida mil
veces, que jamás llegaría a su destino.
Una incesante y tiránica inquietud.
Un galopar repentino del corazón ingobernable.
Un continuo batallar contra la despiadada infalibilidad
de los espejos.
Una íntima dificultad para distinguir la congoja del
júbilo.
Era un tiempo adolescente e impreciso, el tiempo del
amor sin nombre, hasta casi sin rostro, que merodeaba,
como un beso prometido, por el punto más umbrío de la
escalera.
Corrigiendo a Safo – Luis Alberto de Cuenca
Safo decía que lo más hermoso
no era un tropel ecuestre, ni una línea
de hoplitas bien armados, ni una escuadra
de navíos de guerra, ni el First Folio,
sino el objeto deseado. ¡Lástima
grande que confundiera la belleza
—permanente, objetiva — con un simple,
despreciable y efímero deseo!
Diario de un seductor – Leopoldo María Panero
No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.
A mano amada – Ángel González
A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;
allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,
los recuerdos me asaltan.
Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.
Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.
Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.
Eros – Clara Janés
A Rosa Chacel
Un rostro deseado y deseante
que la plata matiza,
nubil virginidad de edad madura
en el sabio sosiego cenital del instante,
eros puro y oculto
y más que espejo
sima absorbente que genera
dos visiones en una
-de Fromm: amar al otro es previamente amarse-
y así en él me corono
de mirtos y violetas, crisantemos
manzanas, rosas y terso laurel.
Una voz íntima… – José María Parreño
Una voz íntima dice
que hice mal
y otra más honda
que no tiene importancia
Poética – Antonio Hernández
No le toques ya más
que así es la rosa
de Juan Ramón.
No le toques ya más
que así es la espina
de Vallejo.
No le toques ya más
que así el poema
de Huidobro.
No le toques ya más…
que ya es fragancia el verso.
Y si te quiero abierto… – Chantal Maillard
Y si te quiero abierto
como el centro imposible de un mundo transparente,
si te quiero imposible, más allá de mis brazos
o la aurora que extiende un sueño en las tinieblas,
más abierto que el viento, más leve y más amante,
será porque mañana nos quisiera infinitos,
unidos como nieve a punto de ser agua.
Y es por eso que dejo resonar la memoria,
todas esas palabras de hilo que se enredan
en tu boca o la mía.