Archivo de la etiqueta: Poesia española

Sublime decisión – Juana Castro

Es injusto el amor, nunca se adapta		
ni a razones, ni a ritmo, ni a su tiempo.		
Maleducado es. Como una mala hierba,		
se enseñorea en la frente del herniado y del héroe.		
Sin orden crece ni concierto.		
Dislate de los sueños, pajarea		
con casadas igual que con los mancos,		
y planta sus reales y sus yerros		
sin reparar en canas ni en informes.		
Y siempre es mal venido.		
Pues arder sin objeto ya es locura		
o consumirse en vida por un fraude.		
Nos promete su cielo inexistente, anacrónico y alto, mientras clava		
cual vampiro su daga en nuestra sangre.		

Por eso en esta hora		
de mi azarosa vida me he propuesto		
sin tardanza entregarme al que será		
mi amor más puro y noble:		
El éxtasis sin celos y sin trabas		
con un muñeco hinchable.

Alegría – José Hierro

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
(Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía).

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.

Si tú y yo, Teresa mía, nunca… – Miguel de Unamuno

Si tú y yo, Teresa mía, nunca
nos hubiéramos visto,
nos hubiéramos muerto sin saberlo;
no habríamos vivido.

Tú sabes que moriste, vida mía,
pero tienes sentido
de que vives en mí, y viva aguardas
que a ti torne yo vivo.

Por el amor supimos de la muerte;
por el amor supimos
que se muere; sabemos que se vive
cuando llega el morirnos.

Vivir es solamente, vida mía,
saber que se ha vivido,
es morirse a sabiendas, dando gracias
a Dios de haber nacido.

Habitarás mi silencio – Jorge Riechmann

A veces		
gritar es acariciarte los muslos, o torpemente		
girar con el escualo de tu sueño aterido		

Tropezar en la blancura,		
sumir la negra boca en tu pelo y sentir		
hambre en las raíces		

A veces aullar es amarte,		
jugar a los dados con un lobo, otear		
en el aire arrasado las naves		
de la sangre. Creí que te besaba		
cuando la hoz solar me cercenó los labios.

Con once heridas mortales – Ángel de Saavedra (Duque de Rivas)

Con once heridas mortales,
hecha pedazos la espada,
el caballero sin aliento
y perdida la batalla,
manchado de sangre y polvo,
en noche oscura y nublada,
en Ontígola vencido
y deshecha mi esperanza,
casi en brazos de la muerte
el laso potro aguijaba
sobre cadáveres yertos
y armaduras destrozadas.

Y por una oculta senda
que el Cielo me depara,
entre sustos y congojas
llegar logré a Villacañas.

La hermosísima Filena,
de mi desastre apiadada,
me ofreció su hogar, su lecho
y consuelo a mis desgracias.

Registróme las heridas,
y con manos delicadas
me limpió el polvo y la sangre
que en negro raudal manaban.

Curábame las heridas,
y mayores me las daba;
curábame el cuerpo,
me las causaba en el alma.

Yo, no pudiendo sufrir
el fuego en que me abrazaba,
díjele; "Hermosa Filena,
basta de curarme, basta.

Más crueles son tus ojos
que las polonesas lanzas:
ellas hirieron mi cuerpo
y ellos el alma me abrasan.

Tuve contra Marte aliento
en las sangrientas batallas,
y contra el rapaz Cupido
el aliento ahora me falta.

Deja esa cura, Filena;
déjala, que más me agrabas;
deja la cura del cuerpo,
atiende a curarme el alma".

La pajarita de papel – María Elvira Lacaci

Con el trozo de un diario,
una leve pajarita
hice hoy. Voló bajita.
¡Planeó sobre mi armario!

Luego la cogí. Sus alas
letras tenían, oscuras.
Hablaban de sendas duras.
y de silbidos de balas.

De soldados, de aviones.
Pajarita, ¿por qué hay guerra?
¡Tan bonita está la tierra
sin herirla los cañones!

Entre trigo y amapolas
—en los surcos— juego al tren.
Si el viento sopla hay vaivén
¡de mar verde y blancas olas!

Palmeras – Luna Miguel

Por el camino una granja de palmeras
y en ellas se cría la luz
cómo se llama el matadero de las flores
me las he puesto todas en los labios
y no quiero más
están rojos porque simplemente son labios
la música lo eléctrico es lo que menos duele
por el camino una granja de palmeras
me casaría rodeada de ellas
fábricas
el humo el mar
aquí firmo el temor de cuando estoy fuera
el humo el mar
nadie sabe a qué se parece un espejo
ni siquiera los gatos que buscan
con sus pupilas la noche he visto la luz
he visto mucha más luz
por sus arterias flexibles y en las palmeras
aplastemos las palmeras con nuestras botas
de verano
los gatos tienen un dios en los ojos
su luz es el color de mi estómago.