Es injusto el amor, nunca se adapta
ni a razones, ni a ritmo, ni a su tiempo.
Maleducado es. Como una mala hierba,
se enseñorea en la frente del herniado y del héroe.
Sin orden crece ni concierto.
Dislate de los sueños, pajarea
con casadas igual que con los mancos,
y planta sus reales y sus yerros
sin reparar en canas ni en informes.
Y siempre es mal venido.
Pues arder sin objeto ya es locura
o consumirse en vida por un fraude.
Nos promete su cielo inexistente, anacrónico y alto, mientras clava
cual vampiro su daga en nuestra sangre.
Por eso en esta hora
de mi azarosa vida me he propuesto
sin tardanza entregarme al que será
mi amor más puro y noble:
El éxtasis sin celos y sin trabas
con un muñeco hinchable.
Archivo de la etiqueta: Poesia española
Alegría – José Hierro
Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.
Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
(Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía).
Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.
Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.
Malagueñas – Manuel Machado
Si te quise, no lo sé.
Si me quisiste, tampoco...
Pues borrón y cuenta nueva:
yo con otra y tú con otro.
A la orillita del río
me pongo a considerar:
mis penas son como el agua,
que no acaba de pasar.
Desde la una a la una,
desde las dos alas dos,
son las veinticuatro horas
que te estoy queriendo yo.
Si tú y yo, Teresa mía, nunca… – Miguel de Unamuno
Si tú y yo, Teresa mía, nunca
nos hubiéramos visto,
nos hubiéramos muerto sin saberlo;
no habríamos vivido.
Tú sabes que moriste, vida mía,
pero tienes sentido
de que vives en mí, y viva aguardas
que a ti torne yo vivo.
Por el amor supimos de la muerte;
por el amor supimos
que se muere; sabemos que se vive
cuando llega el morirnos.
Vivir es solamente, vida mía,
saber que se ha vivido,
es morirse a sabiendas, dando gracias
a Dios de haber nacido.
Habitarás mi silencio – Jorge Riechmann
A veces
gritar es acariciarte los muslos, o torpemente
girar con el escualo de tu sueño aterido
Tropezar en la blancura,
sumir la negra boca en tu pelo y sentir
hambre en las raíces
A veces aullar es amarte,
jugar a los dados con un lobo, otear
en el aire arrasado las naves
de la sangre. Creí que te besaba
cuando la hoz solar me cercenó los labios.
Con once heridas mortales – Ángel de Saavedra (Duque de Rivas)
Con once heridas mortales,
hecha pedazos la espada,
el caballero sin aliento
y perdida la batalla,
manchado de sangre y polvo,
en noche oscura y nublada,
en Ontígola vencido
y deshecha mi esperanza,
casi en brazos de la muerte
el laso potro aguijaba
sobre cadáveres yertos
y armaduras destrozadas.
Y por una oculta senda
que el Cielo me depara,
entre sustos y congojas
llegar logré a Villacañas.
La hermosísima Filena,
de mi desastre apiadada,
me ofreció su hogar, su lecho
y consuelo a mis desgracias.
Registróme las heridas,
y con manos delicadas
me limpió el polvo y la sangre
que en negro raudal manaban.
Curábame las heridas,
y mayores me las daba;
curábame el cuerpo,
me las causaba en el alma.
Yo, no pudiendo sufrir
el fuego en que me abrazaba,
díjele; "Hermosa Filena,
basta de curarme, basta.
Más crueles son tus ojos
que las polonesas lanzas:
ellas hirieron mi cuerpo
y ellos el alma me abrasan.
Tuve contra Marte aliento
en las sangrientas batallas,
y contra el rapaz Cupido
el aliento ahora me falta.
Deja esa cura, Filena;
déjala, que más me agrabas;
deja la cura del cuerpo,
atiende a curarme el alma".
Más allá de las leyes que prohíben… – María Cinta Montagut
Más allá de las leyes que prohíben,
que limitan la altura de los cuerpos,
su dimensión, su peso, su medida
de planeta, de pluma, de vigilia,
su densidad de fuego o de cadera
que se mueve en la sombra como el agua
en el aire deshace sus espumas,
viajaremos.
La pajarita de papel – María Elvira Lacaci
Con el trozo de un diario,
una leve pajarita
hice hoy. Voló bajita.
¡Planeó sobre mi armario!
Luego la cogí. Sus alas
letras tenían, oscuras.
Hablaban de sendas duras.
y de silbidos de balas.
De soldados, de aviones.
Pajarita, ¿por qué hay guerra?
¡Tan bonita está la tierra
sin herirla los cañones!
Entre trigo y amapolas
—en los surcos— juego al tren.
Si el viento sopla hay vaivén
¡de mar verde y blancas olas!
Palmeras – Luna Miguel
Por el camino una granja de palmeras
y en ellas se cría la luz
cómo se llama el matadero de las flores
me las he puesto todas en los labios
y no quiero más
están rojos porque simplemente son labios
la música lo eléctrico es lo que menos duele
por el camino una granja de palmeras
me casaría rodeada de ellas
fábricas
el humo el mar
aquí firmo el temor de cuando estoy fuera
el humo el mar
nadie sabe a qué se parece un espejo
ni siquiera los gatos que buscan
con sus pupilas la noche he visto la luz
he visto mucha más luz
por sus arterias flexibles y en las palmeras
aplastemos las palmeras con nuestras botas
de verano
los gatos tienen un dios en los ojos
su luz es el color de mi estómago.
Bodegones de Morandi – Verónica Aranda
Los ocres de Morandi,
los beis miel, los azules,
cada jarra acanalada,
la luz cobriza entrando
por el patio de siempre,
nos revelan liturgia,
proporción de silencio
en los objetos.