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Divertimento erótico – Carmen Jodra Davó

Un gemido doliente entre la alheña,
un rítmico suspiro en el helecho,
musgo y pluma por sábana del lecho,
por dosel hoja, por almohada peña,

y la lujuria tiene como seña
violar mujeres y violar derecho
y ley y norma, y un hermoso pecho
sabe el pecado y el pecado enseña.

Trasciende de la fonda un olor suave
a sagrados ungüentos, y una queda
música, contenida y cadenciosa,

y el blanco cuerpo de la bella ave
y el blanco cuerpo de la bella Leda,
bajo el peso del cisne temblorosa.

Me arde la vida – Nach

Me arde la vida en los besos que aún no he dado,
en aquellos pueblos cuyo nombre desconozco.
Soy una bola de fuego, contando historias que ojalá pueda vivir,
como un torbellino alejándose del lujo hueco y del ruido.

Tengo en mi mano derecha un dragón que crece y escupe pasión,
enormes hogueras de lo que aún no he conquistado.
Tengo en mis ojos un sol que dejas de ver cada noche,
porque se pierde buscando tugurios y piernas que lo rescaten.

Me arde la vida en los nombres que aún no he pronunciado,
en aquellas calles que nunca sintieron esta pisada fugaz.
Mi cuerpo es lava volcánica, aparezco y se acaba el invierno,
porque traigo toda la bondad que el averno esconde.

Tengo en mi mano izquierda un ángel que crece y canta profecías,
futuros paraísos de lo que aún no he conseguido.
Tengo en mi boca una luna que dejas de ver cada día,
porque se pierde buscando almohadas y brazos que la descansen.

Mutis – Leopoldo María Panero

Era más romántico quizá cuando
arañaba la piedra
y decía por ejemplo, cantando
desde la sombra a las sombras,
asombrado de mi propio silencio,
por ejemplo: “hay
que arar el invierno
y hay surcos, y hombres en la nieve”.
Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde
las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea,
y empiezo a dudar que sea cierta
la inmensa tragedia
de la literatura.

Entonces – Ángel González

Entonces,
en los atardeceres de verano,
el viento
traía desde el campo hasta mi calle
un inestable olor a establo

y a hierba susurrante como un río

que entraba con su canto y con su aroma
en las riberas pálidas del sueño.

Ecos remotos,
sones desprendidos
de aquel rumor,
hilos de una esperanza
poco a poco deshecha,
se apagan dulcemente en la distancia:

ya ayer va susurrante como un río

llevando lo soñado aguas abajo,
hacia la blanca orilla del olvido.

Rosario – Jon Juaristi

Yo la quería mucho, pero entonces
amar y destruir sonaban parecido,
como en los más confusos poemas de Aleixandre.
Nos casamos con otros. Tal vez así perdimos
lo mejor de la vida. Quién sabe. Hubo una noche
en que ambos acordamos que pudo ser distinto
el rumbo de esta historia de culpa y cobardía.
Se quitó el pasador de su cabello oscuro
y me lo dio al marchar, y nunca volví a verla.
Murió. No lo he sabido hasta esta tarde misma,
varios años después, en su pequeño pueblo
y frente a la serena desolación del mar.
Ahora intento evocarla, pero se desvanece:
No he encontrado siquiera su pasador de rafia.

Oscuro amor… Tu muerte es ya mi muerte… – Susana March

Oscuro amor… Tu muerte es ya mi muerte.
Más allá de este mar, ¿qué extraña orilla
cobijará mi náufraga tristeza?
Me evadiré del viento
que transita en mi sangre,
sacudiré mis lágrimas
como las largas crines de un caballo salvaje.
Quiero partir contigo,
sin mí, por los senderos
extraños y remotos
por donde vas a ciegas, tropezando.
Te seguiré sin lástima y sin gloria,
mendiga de unos ojos,
de una voz, de una mano cercenada
en el umbral del sueño…

Te seguiré hasta allí donde tú acabas
para acabar contigo.

El mar es un olvido… – Jorge Guillén

El mar es un olvido,
una canción, un labio;
el mar es un amante,
fiel respuesta al deseo.

Es como un ruiseñor,
y sus aguas son plumas,
impulsos que levantan
a las frías estrellas.

Sus caricias son sueños,
entreabren la muerte,
son lunas accesibles,
son la vida más alta.

Sobre espaldas oscuras
las olas van gozando.

El tiempo – Felipe Benítez Reyes

De niño andaba con sus pies de plomo,
pisando desganado los relojes.
Iba lento y solemne,
como en un carruaje muy pesado,
hacia un difuso punto de partida.

Luego anduvo con pasos más ligeros,
como huyendo de sí, como una fiera
enjaulada en un cuarto oscurecido.

Ahora lleva sus botas
aladas, va corriendo. Va
más ansioso que nunca hacia el final.
Aparta con desprecio
los soles y las lunas.

Cuando al fin se descalce,
¿qué será de nosotros, y dónde
vamos a refugiar tanta tiniebla?

Piedra Fluvial – Pilar Paz Pasamar

(Camino del Puerto a Rota,
por las lindes de la base)

Toman el sol como los caparazones
cubiertos de verdín
los plácidos quelonios de la base.
El pulpo vegetal, la yuca, en la cuneta
nos saluda -quién sabe si a nosotros
o a las gaviotas- levantando airoso
sus tentáculos verdes.
Y el nopal y el naranjo y la pita
y el pino y la chumbera
festonan los caminos desde el Puerto hacia Rota.

Mi tierra, Asta Regia turdetana,
alzada entre marismas,
tierra de polvo oscuro y albarizas,
polvo de ánforas púnicas y columnas tartesas,
con tres mil años de esqueleto.
A un lado, adoradores del lucero del alba,
-el lucifere forum- y Chipiona
que pastorea el río más hermoso,
Guadalquivir Florido,
hasta el abrevadero del océano.
Y aquel Xerex Xaduña de los cuatro portales
hacia Arcos y Medina Sidonia e Ixbiliha,
la de los Olivares e figueras,
y el puerto de Alcanate-Menesteo,
y el río Wadi Lakka,
y el río Guadalete,
el río del olvido de la guerra.

Y la historia de tumbas y arenas gaditanas,
toda una tierra fértil de paciencia,
arrodillada siempre con bandejas solícitas
de espumas y palomas
y, hoy por hoy, como siempre arrodillada
junto a grandes tortugas que sestean al sol.

-(Tú, mar, queda en tu sitio.)-

¡Oh, Wadi Lakka mío, mi río del olvido,
mi río paraíso, desbórdate y anega!
¡Desbórdate e inunda! ¡Desbórdanos y ciéganos
de olvido nuestros ojos y pon de azul el miedo!

Corre, deja tus márgenes,
apáganos la sed de tantos siglos
ya que nada ni nadie te lo impide.

La patria – Félix Grande

Los que sin fervor comen del gran pan del idioma
y lo usan como adorno o coraza o chantaje
sienten por mí un rechazo donde la rabia asoma:
yo no he llamado patria más que a ti y al lenguaje

Los que destinan himnos y medallas y honor
al cuervo de la guerra y nunca a la paloma
de la lujuria, miran mi cama con rencor:
yo no he llamado patria más que a ti y al idioma

De la fraternidad, de la honra civil
sé que nadie la siente ni nadie la derrama
si convierte al lenguaje en una jerga vil
y en su cuerpo sofoca la milagrosa llama

Celebrar como a un dios el fuego de la mano,
sentir por las palabras un respeto profundo:
sólo así el transeúnte puede ser nuestro hermano
y nuestros camaradas la materia y el mundo

La carne me ha enseñado el más hondo saber
y el lenguaje me enseña su lección venerable:
que el Tiempo es un abrazo del hombre y la mujer,
que el Universo es una palabra formidable