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Hay restos de mi figura y ladra un perro… – Leopoldo María Panero

Hay restos de mi figura y ladra un perro.
Me estremece el espejo: la persona, la máscara
es ya máscara de nada.
Como un yelmo en la noche antigua
una armadura sin nadie
así es mi yo un andrajo al que viste un nombre.

Dime ahora, payo al que llaman España
si ha valido la pena destruirme
bañando con tu inmundo esperma mi figura.
Tus ángeles orinan sobre mí.

San Pedro y San Rafael
en una esquina comentan
mientras avanzo borracho
sobre esa piedra, payo,
que llaman España.

Como la tierna madre, que el doliente… – Garcilaso de la Vega

Como la tierna madre, que el doliente
hijo le está con lágrimas pidiendo
alguna cosa, de la cual comiendo
sabe que ha de doblarse el mal que siente,

y aquel piadoso amor no le consiente
que considere el daño que haciendo
lo que le pide hace, va corriendo,
aplaca el llanto y dobla el accidente,

así a mi enfermo y loco pensamiento
que en su daño os me pide, yo querría
quitalle este mortal mantenimiento.

Mas pídemelo y llora cada día
tanto, que cuanto quiere le consiento,
olvidando su suerte y aun la mía.

Estanque de abril – Pureza Canelo

¿Eres tú
o soy yo
Narciso?
Dejemos de beber en esa fuente
y vamos al regazo, amor mío
destapando la esencia
cuerpo a cuerpo no borroso
del tiempo sin fisura
ni compasión por los mortales
ajenos a la enorme
conversación de cuando se ama
en la vecindad de sus casas
cruzándonos la selva
de la tierra magnífica.

¿Eres tú
o soy yo
la maravilla
al fondo?
Si te duermes abandonarás
la poesía de mi estanque
la poesía del recuento
la poesía nido en alto
la poesía del rayo abril
la del tesoro cuando
se desgranan las horas
de tu boca
en mi ser como castigo.

Si tu cuerpo
oprime mi pensamiento
escribo lo mismo
de la travesía
y dudo si es amanecer
o si es noche, mediodía
crepúsculo pero sí hace
sabe a amor.

Las aves infinitas del amor… – Juan Eduardo Cirlot

Las aves infinitas del amor
están petrificadas en sus lechos
de roca cristalina y solitaria.
Son aves vivas pero muertas. Son.

Sus alas ya no tiemblan ni en el cielo
se sabe que fue el vuelo de las aves.
Unas son transparentes como vidrios.
Otras son de basalto impenetrable.

Vivieron en los árboles y ardieron
entre los gritos ávidos del júbilo.
Pero todas cayeron desde lo alto.
Están petrificadas para siempre.

Los dos ángeles – Rafael Alberti

Ángel de luz, ardiendo,
¡oh, ven!, y con tu espada
incendia los abismos
donde yace
mi subterráneo ángel de las nieblas.

¡Oh espadazo en las sombras!
Chispas
múltiples,
clavándose en mi cuerpo,
en mis alas sin plumas,
en lo que nadie ve,
vida.

Me estas quemando vivo.
Vuela ya de mí, oscuro
Lucifer
de las canteras sin auroras,
de los pozos sin agua,
de las simas
sin sueño,
ya carbón del espíritu,
sol, luna.

Me duelen los cabellos
y las ansias
¡Oh, quémame!
¡Más, más, sí, sí, más! ¡:Quémame!

¡Quémalo, ángel de luz,
custodio mío,
tú que andabas llorando por las nubes,
tú, sin mí, tú, por mí,
ángel frío de polvo, ya sin gloria,
volcado
en las tinieblas!

¡Quémalo, ángel de luz,
quémame y huye!

Riera – Joan Margarit

Canalitzada i seca,
va per fora del poble fins al mar
amb el terra i els murs de formigó,
ampla i blanca a la llum de la lluna.
Les vores, sobre els murs, entre les canyes,
són plenes de ginesta i de fonoll.
De tant en tant, la fosca perfumada
l’adornen en silenci les finestres
enceses entre els horts.
Per la riera vaig fins a la platja.
Ni carrers ni camins, només l’amplària
nua i abandonada esperant l’aigua
furiosa i brutal de les riuades.

ONCLE LLUÍS – JOAN MARGARIT

Estos días azules y este sol de la infancia.
(Últim vers escrit per Antonio Machado a Cotlliure)

Colgat al fang de l’Ebre, l’heroisme.
Però per al vençut també comptava
-ja amb una pobra roba de civil-
tenir aquella mirada, morenot,
pinxo de barri de rialla fàcil.
Desterrat, se l’enduen en un tren.
En les llargues parades de la nit,
en el seient de fusta, entre fusells,
sent com la guerra és una fera enorme
que amb les urpes l’empeny fins a Bilbao,
sense equipatge i les butxaques buides.

El deixen a l’andana un matí gris.
Fatigat pel viatge i la derrota
es renta en una font i, al fons dels ulls,
llueixen la seva èpica i les armes
d’antany, les velles armes d’aquells balls
de diumenge als patiots de Montjuïc.
Busca els carrers de meuques i tuguris.
Ja és a prop d’ella, sent el seu perfum
barat i la mirada fosca a uns ulls
on el rímel ha posat
banderes negres d’anarquistes morts.
Les ungles, d’un roig brut,
són banderes que l’Ebre arrossegava.

I jo estic orgullós de tornar a escriure,
com als bons dies de la poesia,
un poema que parla d’una puta
que per amor se salva i salva un home.
Això passava en acabar la guerra.
Mentrestant, transcorrien per a mi
els dies blaus i el sol de la infantesa.