Más allá de la sombra
te delatan tus ojos,
y te adivino tersa,
como un mapa extendido
de asombro y de deseo.
Date por muerta
amor,
es un atraco.
Tus labios o la vida.
Archivo de la etiqueta: Poesia española
El circo – Leopoldo María Panero
Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma
lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:
y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre
cómo se balancean los trapecios. Dos
atletas saltan de un lado a otro de mi alma
contentos de que esté tan vacía.
Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el chirriar de los trapecios
una y otra vez.
Una mujer sin rostro canta de pie sobre mi alma,
una mujer sin rostro sobre mi alma en el suelo,
mi alma, mi alma: y repito esa palabra
no sé si como un niño llamando a su madre a la luz,
en confusos sonidos y con llantos, o bien simplemente
para hacer ver que no tiene sentido.
Mi alma. Mi alma
es como tierra dura que pisotean sin verla
caballos y carrozas y pies, y seres
que no existen y de cuyos ojos
mana mi sangre hoy, ayer, mañana. Seres
sin cabeza cantarán sobre mi tumba
una canción incomprensible.
Y se repartirán los huesos de mi alma.
Mi alma.
Mi hermano muerto fuma un cigarrillo junto a mí.
El dique – Sergio Navarro Ramírez
COMO el dique tendido sobre el mar,
criatura deshecha en mil heridas
que dividen su cuerpo, igual reposa
la persona que acuesta en su colchón
los mil pedazos de su vida, juntos
solo por ocupar un mismo espacio.
Espera conciliar un sueño donde
la noche se derrame en sus heridas
y llene con su sombra las fisuras,
cicatrice la carne y la reúna.
Pero el mar siempre embiste, siempre excava
en las llagas con garras espumosas.
Penetra, ahonda.
No alcanzaré la curva matriz de los deseos… – Paloma Palao
No alcanzaré la curva matriz de los deseos,
desovillada lamentación de la carne. No alcanzaré
la certidumbre del día, ni el pie fantástico
del dolor impaciente. Cuando el mar me contempla
siento que la roca penetra mi carne. Siempre
hay un nombre, que hace posible la alegría
mientras los cánones de la belleza acarician
la estatua. El mismo nombre, que desarmó
la inocencia, podía hacer ingrata la ausencia.
El mismo nombre que nos conduce, nos pierde
en nuestra audacia. Largo es el tiempo
de la meditación frente al silencio, cuando
la meditación es sólo un nombre. Annelein
es más cierta que la voz que la calla. Pero Annelein
no es un nombre. Indica
la transparente vicisitud del agua. Annelein
es un lamento, que puede significar también
un sobresalto.
Efecto Lázaro – Juan Meseguer
A lo lejos, la fe te hace señales;
quisieras descifrarla.
Es una llama viva.
Tú y yo
llevamos varios años muertos.
Nos queda la esperanza
del efecto Lázaro:
que a través de la noche de los tiempos
nos llamen unos ojos
rugientes como tigres de Bengala.
En ti – Nach
En ti
el gesto preciso es un cosmos.
En ti
la sonrisa es una enseñanza breve.
En ti
la voz es un himno de cien ángeles.
En ti
la piel es una búsqueda antigua.
En ti
el sexo es un jardín ceremonial.
En ti
la boca es una fuente luminosa.
En ti
la mano es una distancia al oasis.
En ti
la vida es la unión de todas mis vidas.
De noche – Gabriel Celaya
Y la noche se eleva como música en ciernes,
y las estrellas brillan temblando de extinguirse,
y el frío, el claro frío,
el gran frío del mundo,
la poca realidad de cuanto veo y toco,
el poco amor que encuentro,
me mueven a buscarte,
mujer, en cierto bosque de latidos calientes.
Sólo tú, dulce mía,
dulce en los olores de savia espesa y fuerte,
sin palabras, muy cerca, palpitando conmigo,
sólo tú eres real en un mundo fingido;
y te toco, y te creo,
y eres cálida y suave matriz de realidades,
amante, amparo, madre,
o peso de la tierra que sólo en ti acaricio,
o presencia que aún dura cuando cierro los ojos,
fuera de mí, tan bella.
Número nueve – Pablo García Casado
quise borrar las huellas de aquel cuerpo
limpié con táifol el lavabo los restos
del afeitado corrieron por el desagüe
quise borrar la cita en el centro la puesta
en escena el vestido corto sus buenos modos
el beso a la salida del restaurante el sí
el día después la frialdad del desayuno
Ay, Carmela – Joaquín Sabina
A ti que te enfurruñas con mis bromas,
hija de anciano bardo inevitable,
candidata a heredar mis cromosomas,
polizón de un por fin ingobernable.
A ti que me arruinas con percebes,
a ti que me adivinas de memoria,
a ti que trinas cuando no te atreves
a explorar las letrinas de mi historia.
A ti, prima inter pares, Carmelona,
compinche de mis trucos malabares,
chinche, precoz, naranja guasingtona,
dame un beso filial en la rebaba,
por cantar el cantar de los cantares
y ponerlo a tus pies, reina de Saba.
Las cosas que deseamos – Juan del Encina
Las cosas que deseamos
tarda o nunca las habemos,
y las que menos queremos
más presto las alcanzamos.
Porque fortuna desvía
aquello que nos aplace,
mas lo que pesar nos hace
ella mesma nos lo guía:
así por lo que penamos
alcanzar no lo podemos,
y lo que menos queremos
muy más presto lo alcanzamos.