Archivo de la etiqueta: Poesia española

Quisiera – Josefina de la Torre

Quisiera tener sujeta		
la naranja de la tarde		
así entre las manos, fresca,		
sin la piel rubia y brillante,		
tirabuzón de la luna		
peinado por mi cuchillo.		
Qué sabor a fruta nueva		
ha de tener en los bordes		
el mar, la arena y el aire.		
¡Qué deseo de partir		
en dos mitades la tarde!		
Cuando la noche se asome		
a su ventanal de cobre		
se tragará la naranja.		
¡Ay, niña desconsolada!

Noches – Josefina de la Torre

Noches sobre la playa: rumor de orilla fresca.		
Blanco batir de remos que la sombra sorprende.		
Sobre la barra grande los hachones de pesca,		
y un cuerpo perezoso que en la arena se tiende.		

En lo alto de la Isleta el faro gira y gira.		
Un denso olor a algas... Venus, la Osa Mayor...		
Rasguea una guitarra. Una mujer suspira.		
La brisa trae aromas de madreselva en flor.		

Y en las noches de luna, sentados en la acera,		
al ritmo melodioso de una antigua habanera		
lánguida y cadenciosa con su aire dulzón,		

evocar las figuras de la memoria mía		
(los padres, el hermano, Dolores y María)		
envuelta entre los pliegues de un viejo pañolón.

Soledad – Elena Martín Vivaldi

Y era un silencio duro como piedra;
un silencio de siglos.
Era un silencio adusto, impenetrable;
un silencio sin venas.
Era un dolor de amor, hecho de largas
noches sin el amado.
Hecho de fieles manos que se tienden 
estremecidas, solas.
Era una voz dormida entre las sombras,
unas lágrimas secas.
Febril temblor de labios, una loca 
esperanza desierta.

Edifícame en piedra – Mariluz Escribano

Si mi voz no te alcanza
ahora que estás dormido,
recréame en el mundo
de tus mágicos sueños.
Olvida cómo soy,
edifícame en piedra
para que así tu puedas
vivirme eternamente.

Inscrita en tu memoria
por los siglos seré
amor indestructible,
inamovible roca enamorada y alta.

Si mi voz no te alcanza
puesto que estás dormido,
déjalo para luego.
Soy tan frágil ahora
que la lluvia me hiere.
Edifícame en piedra,
suéñame inalterable.

Cantar – Gabriel Celaya

Perdido entre las cosas		
mi corazón, mi corazón		
que toma el nuevo nombre		
de cada nuevo amor.		

Una sonrisa basta,		
un jazmín, un color		
para llevarse entero		
mi corazón, mi corazón.		

El mundo en vilo viene		
a ser en mi canción,		
a ser él mismo siendo		
en mí que ya no soy.		

¡Oh pasos en la nada!		
Mi corazón, mi corazón		
diciendo los mil nombres		
y olvidando mi voz.		

¡Oh tú, que yo recreo		
más puro en la canción,		
que ya no eres tú mismo		
como yo no soy yo!		

Se me va, peregrino,		
mi corazón, mi corazón,		
pero me queda, eterno,		
el hijo de mi amor.