Al bosque y al jardín el crudo aliento
del otoño robó la verde pompa,
y la arrastra marchita en remolinos
por el árido suelo.
Los árboles y arbustos erizados
yertos extienden las desnudas ramas
y toman el aspecto pavoroso
de helados esqueletos.
Huyen de ellos las aves asombradas
que en torno revolaban bulliciosas
y entre las frescas hojas escondidas
cantaban sus amores.
¿Son, ¡ay!, los mismos árboles que ha poco
del sol burlaban el ardor severo
y entre apacibles auras se mecían
hermosos y lozanos?
Pasó su juventud fugaz y breve,
pasó su juventud y, envejecidos,
no pueden sostener las ricas galas
que les dio primavera.
Y pronto, en su lugar, el crudo invierno
les dará nieve rígida en ornato,
y el jugo, que es la sangre de sus venas,
hielo será de muerte.
A nosotros, los míseros mortales,
a nosotros también nos arrebata
la juventud gallarda y venturosa
del tiempo la carrera,
y nos despoja con su mano dura,
al llegar nuestro otoño, de los dones
de nuestra primavera, y nos desnuda
de sus hermosas galas.
Y huyen de nuestra mente apresurados
los alegres y dulces pensamientos
que en nuestros corazones anidaban
y nuestras dichas eran.
Y luego la vejez de nieve cubre
nuestras frentes marchitas, y de hielo
nuestros áridos miembros, y en las venas
se nos cuaja la sangre.
Mas, ¡ay, qué diferencia, cielo santo,
entre esas plantas que caducas creo
y el hombre desdichado y miserable!
¡Oh, Dios, qué diferencia!
Los huracanes pasarán de otoño,
y pasarán las nieves del invierno;
y al tornar apacible primavera,
risueña y productora,
los que miro desnudos esqueletos
brotarán de sí mismos nueva vida,
renacerán en juventud lozana,
vestirán nueva pompa;
y tornarán las bulliciosas aves
a revolar en torno y a esconderse
entre sus frescas hojas, derramando
deliciosos gorjeos.
Pero a nosotros, míseros humanos,
¿quién nuestra juventud, quién nos devuelve
sus ilusiones y sus ricas galas?…
Por siempre las perdimos.
¿Quién nos libra del peso de la nieve
que nuestros miembros débiles abruma?
De la horrenda vejez, ¿quién nos liberta?…
La mano de la muerte.
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Romance – José Antonio Muñoz Rojas
Los ecos de la verbena
se los lleva la alborada
sobre sus caderas finas
de sangre, de oro y de nácar.
Está la noche borrosa.
Están tocando campanas.
Que es domingo, niñas, hoy;
vamos a misa de alba.
Caerán los golpes de pecho
sobre la roja mirada
de aquel clavel incendiado
en tu corazón de plata.
Y dirás: “Señor, perdón”
con la vocecita clara
con que dijiste: “Te quiero”
cuando la luna alumbraba.
Y pensarás: “¡Oh! Dios mío,
tú el señor y yo la esclava”,
como pensaste en la noche:
“¡Tú el amado y yo la amada!”.
La madre – José Antonio Muñoz Rojas
Y la madre soñaba oscuramente:
Será rubio, tendrá estos ojos mismos.
Le amarán las muchachas. Una tarde,
de pronto, llorará junto a una rosa.
Le crecerá la angustia sin saberlo,
y cada nuevo umbral será una herida.
Temblará al traspasarlos, hijo mío,
acaso una paloma, acaso nada.
El viento por la frente, las caídas
hojas que se acumulan, los rumores
del corazón callados. Nadie sabe
las formas repentinas de la dicha.
Yo lo siento aquí hondo en mis entrañas
el río de tus años que me deja
una nostalgia antigua, una dulzura
vieja en mi corazón como la sangre.
Me hace toda ribera, toda muro,
donde lamen las aguas de tu vida.
Torno otra vez a ser niña jugando,
corriendo como niña entre las rosas.
¡Oh sueño en mis entrañas! ¡Oh alto río,
resonando de siempre en mis entrañas!
Yo quiero que seas todas las cosas… – José Antonio Muñoz Rojas
Yo quiero que seas todas las cosas,
y te confundo frecuentemente con los recuerdos.
Amor, ¿cómo vas a alejarte,
si no tienes dónde ir?
¿Crees que todos compartirán contigo un lecho
y que todos te esperan a cenar?
Amor, ¡no seas inocente!
Lo más que te quieren es como quieren a las aves,
lo más que te recuerdan es como a los recuerdos.
¿Qué has hecho, amor, qué has hecho?
¿Pero otra vez te has ido?
¡No tardes! ¡Ven!
Primavera – Juan Ramón Jiménez
ABRIL, sin tu asistencia clara, fuera
invierno de caídos esplendores;
mas aunque abril no te abra a ti sus flores,
tú siempre exaltarás la primavera.
Eres la primavera verdadera:
rosa de los caminos interiores,
brisa de los secretos corredores,
lumbre de la recóndita ladera.
¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente!
Mi corazón recojerá tu rosa,
sobre mis ojos se echará tu brisa,
tu luz se dormirá sobre mi frente...
Amor, que te están esperando los de siempre… – José Antonio Muñoz Rojas
Amor, que te están esperando los de siempre.
No olvides que prometiste bajar todas las tardes a las siete.
¿Dice que el amor ha salido?
¿Vestido de tarde o de noche?
¿Desnudo?
El amor no se viste nunca.
¿Lo detuvieron tras largas pesquisas?
¿Se le acusa de asesinato?
¡Ay, amor! ¿Tú asesino?
Asesinó a dos horas que se sentaron,
al salir del reloj,
en un banco del parque;
las corrompió primero
y las asesinó después.
Será condenado a muerte.
Lo siento principalmente por los árboles
y las locomotoras.
¿Para qué servirán las hojas
y quien tiene que viajar
si desaparecen penínsulas e islas,
archipiélagos y tiernas yemas de los árboles?
¿No te acuerdas
que ahí nadie dará contigo?
Era ella… – Chus Pato
Era ella
un epitafio violento
como las mariposas que, entrando ya el otoño, apenas pueden
volar y son alzadas por el viento
sobre las matas de dalias
y qué feliz entrando en el bosque y sentir como se cierra cuando
avanzamos
Cree… – Chus Pato
Cree
no, con ojos no
a no ser que los ojos sean un sagrado
y en el iris les gorgotee la laguna
y en la pupila nenúfares de Antela
Es el mundo quien ve:
las imágenes
las que se abren en la noche
se rasgan
tienen el fulgor de un verdel
croan como batracios
y son resto de una mente anterior y final
de una mente que se abre en espiral
y sólo en la distancia calca un trazo último
en un amanecer mayor
El tuyo
tu cuerpo es Orión
un órgano que se derrama
un instante antes de morir
la visión de una escala de notas
el calor de lo invisible
en los bosques
ESA CARTA QUE NUNCA VES – Chus Pato
La luz única llegará desde el sobre
un rayo blanco
cromado
llamando,
de llevarlo, será en el bolsillo, porque las manos tienen que ser libres
las necesitas para salir
Cuando hablamos de honestidad
señalamos la fidelidad a un nombre
que no somos capaces de recordar
No es que al abrir el sobre se nos presente nimbado
él mismo es el aura
Klee nos propone un viaje al país del Mejor Conocimiento
en algún instante cruzaremos las aguas
nos sumergiremos en el lecho
con las lampreas
y a lo lejos serán los arcos frágiles del puente
ya en la ribera otra
quizá
vayamos a dar con una compañera de viaje
dirá
«caminamos erguidas porque nuestras columnas son paralelas
a la subida de la savia cuando florecen los manzanos»
La mayoría de los árboles ya han perdido sus hojas
aguardan el beso invernal
el sol de la mayor distancia
No las recuerdo… – Chus Pato
No las recuerdo
no les puedo tomar fotografías
se nutren del aliento de la tierra
son secuencias
al alba
adquieren la consistencia de palabras
huelen a caverna en hibernación
Indican que la tierra es la mente
y aguarda