... Y no hay misterio
sólo trabajos, pesadumbre,
y esa amarga yerba.
Pero tú me conduces
y nada te pido.
Sí, quiero ser tus alas
caídas, ahora, llanto,
lluvia de lágrimas por mí.
Porque tú me lloras,
lloras mi no ser
porque me sientes amantísima a tu lado.
Soy tu fealdad, tu impotencia
extranjera a ti confiada.
Cómo te peso,
yo, la invisible,
soy tu piedra,
el aceite que unta tus alas,
tu rémora
y, en instantes infinitos,
tu desesperación.
¡Oh, Ángel!
¿Seré tu infierno?
Eterno retorno
de tu ligereza por mí aprisionada.
Como una oscura cosa
me ofrezco a tus pies
para ser quemada, ahumada,
víctima necesaria de tu libertad.
No me dejes existir, pues que te
peso.
Tú me mides,
soy tu irreductible,
¿hasta cuándo?,
tu condena.
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Luz sedienta – Jorge de Arco
CREPITAN esta noche entre mis manos
la luz sedienta,
el verbo amante,
la desnuda madeja de tu cuerpo...,
y a resguardo del sueño, resucito
la súbita avaricia de tu carne,
los jirones de luna diurna y nuestra.
Ahora,
la soledad reclama su lugar y su instante
y la misma agonía que respiran
las ruïnas recientes de mis párpados,
recorre los cimientos de este hogar,
de esta conciencia
de cal y llanto.
Me asomo al ventanal de la memoria
y la lenta alborada me devuelve
el río ardiente de tus pies descalzos.
Entonces, el pasado, pareciera
no haberse ido,
no haber disuelto
la amante ceremonia del gozo en nuestros labios.
Pero ya sin remedio tus palabras golpean
los resquicios del alma,
y el eco de tu voz
se derrama en la sábanas del tiempo
desde el instante aquel en que dijiste
«Mi corazón ya late en otra casa».
Los nombres – Jorge Guillén
Albor. El horizonte
Entreabre sus pestañas
Y empieza a ver. ¿Qué? Nombres.
Están sobre la pátina
De las cosas. La rosa
Se llama todavía
Hoy rosa, y la memoria
De su tránsito, prisa,
Prisa de vivir más.
A lo largo amor nos alce
Esa pujanza agraz
Del Instante, tan ágil
Que en llegando a su meta
Corre a imponer Después!
Alerta, alerta, alerta,
Yo seré, yo seré
¿Y las rosas? Pestañas
Cerradas: horizonte
Final. ¿Acaso nada?
Pero quedan los nombres.
Nocturno – Concha Méndez
Una plaza. La luna
juega con la Noche.
Y una campanada muda
mira desde su torre.
Una fuente y una luz
decoran la rinconada.
Más allá se ve un farol
y una reja iluminada.
El pueblo espera dormido
otra llegada del alba.
Y, mientras espera, tiene
todas sus puertas cerradas.
Nostalgia de mujer – Carmen Conde
Mil años ante Ti son como sueño.
Como de aguas el grosor de una avenida.
Hierba que en la mañana crece,
florece y crece en la mañana
aunque a la tarde es cortada y se seca.
¿Qué es el tiempo ante Ti, qué son los truenos
que blandes contra mí cuando me nombras?
Pavor siento a tu idea, te veo hosco
mirándome en la lumbre de tu Arcángel.
La espada Tú también, eres el filo
y el pomo que se aprieta con el puño.
Para verte a Ti mismo me has nacido.
Por no estar solo con tu omnipotencia.
Soy la nada, soy de tiempo, soy un sueño...
Agua que te fluye, hierba ácida
que cortas sin amor...
Tú no me quieres.
No sabe qué es amor quien no te ama,… – Lope de Vega
No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, esposo bello;
tu cabeza es de oro, y tu cabello.
como el cogollo que la palma enrama.
Tu boca como lirio que derrama
licor al alba; de marfil tu cuello;
tu mano el torno y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.
¡Ay Dios!, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar gozando?
Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que un hora amando
venza los años que pasé fingiendo.
Llama de amor viva – San Juan de la Cruz
Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya si quieres;
rompe la tela deste dulce encuentro.
¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!,
matando muerte, en vida la has trocado.
¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba obscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras;
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!
Caracolas Marinas – Francisco Villaespesa
ESCUCHA cuando estés entristecido,
en el silencio de tus noches solas,
estas maravillosas caracolas
que de remotas playas he traído.
Y oirás, entre el tumulto de las olas,
cantar a las sirenas en tu oído:
¡Ni bálsamo ni jugos de amapolas
producen un tan inefable olvido!
Te irás adormeciendo sus canciones,
soñando con nereidas y tritones…
Y si algún día tu soñar despierta,
en la playa verás, bajo una palma,
la desnudez de una sirena muerta,
¡de la sirena que murió en tu alma!
Días sin cabeza – Angélica Morales
Estos son mis días sin cabeza.
Colores de mármol
que agitan su temblor.
Bajo las hojas del otoño
hay una selección de niños disléxicos
que llegan a la ciudad
atados a sus perros.
Buscan los inhóspitos arrabales,
el vacío de una hora inocente
que bebe y goza.
Mis zaguanes oscuros – Rocío Arana
MIS zaguanes oscuros mis vestíbulos
en sombra mis pasillos insondables
tan largos como tardes de domingo
sin un trozo de sol en mis pupilas
mis alcobas cerradas.
Tus raudales de luz en mis cortinas
entrando como viento vengativo
haciendo laborables mis mañanas
tu silencio que viene, que desborda
tu voz plena de luz tu voz festiva
poblando mis rincones de domingos
con sol tu voz tranquila
tu voz abriendo puertas en la noche.