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Cúbreme, amor, el cielo de la boca… – Rafael Alberti

Cúbreme, amor, el cielo de la boca
con esa arrebatada espuma extrema,
que es jazmín del que sabe y del que quema,
brotado en punta de coral de roca.

Alóquemelo, amor, su sal, aloca
Tu lancinante aguda flor suprema,
Doblando su furor en la diadema
del mordiente clavel que la desboca.

¡Oh ceñido fluir, amor, oh bello
borbotar temperado de la nieve
por tan estrecha gruta en carne viva,

para mirar cómo tu fino cuello
se te resbala, amor, y se te llueve
de jazmines y estrellas de saliva!

Un soneto emocionado – Joaquín Sabina

“No faltaron tormentas aquel año,
me echaron de las barras de los bares,
desgarré mi camisa de lunares,
dejamos de jugar a hacernos daño.

Rimando la canción del desengaño,
deserté de los fuegos malabares,
cambié las alegrías por soleares
y al tipo que te amó por este extraño.

Me acosaron alarmas imprevistas,
sufrí, te perdí, fui tropezando
extramuros del furo del artista.

Prófugo de un dolor que ya no existe,
llevo 500 noches celebrando
la impúdica belleza de estar triste”

Me he quedado sin pulso y sin aliento… – Ángel González

Me he quedado sin pulso y sin aliento
separado de ti. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón de desaliento.

No es que sienta tu ausencia el sentimiento.
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.

Todo estaba detrás de tu figura.
Ausente tú, detrás todo de nada,
borroso yermo en el que desespero.

Ya no tiene paisaje mi amargura.
Prendida de tu ausencia mi mirada,
contra todo me doy, ciego me hiero.

Soneto para imaginarte con exactitud – Ángel González

Pensarte así: la sombra, deslumbrada,
se pliega al resplandor de tu sonrisa,
retrocede ante ti, pasa, sin prisa,
de gris a rojo, de naranja a nada.

Imaginar aún más: la desbandada
súbita de palomas que, imprecisa,
despliega a contravuelo de la brisa
la claridad de su bandera alada,

no es más que tu disperso pensamiento
que tiñe los colores de la tarde
con la luz que devana tu cabeza.

Palomar golpeado por el viento:
cierra los ojos, guarda -pues ya arde
en el cielo bastante- tu belleza.

Por ver quién recogía tu pañuelo… – Francisco Villaespesa

Por ver quién recogía tu pañuelo,
que dejaste caer a unos truhanes,
con el más bravo de los capitanes
al pie de tus balcones tuve un duelo.

Me hirió su espada bajo el ferreruelo,
y para contener nuevos desmanes
le hundí el acero hasta los gavilanes
y cayó, desangrándose, en el suelo.

Y tu pañuelo recogí galante
con ademán del que recoge un guante.
Y envainando la espada enrojecida,

me alejé sonriente y satisfecho,
apretando el pañuelo contra el pecho
para enjugar la sangre de mi herida.

El mar – Carilda Oliver Labra

Como en un lecho me tendí en el mar.
Hechizada por musgos y por linos
tuve acoso de brazos peregrinos
que me echaban las ondas al pasar.

Contra mi carne se batió el azar.
El agua -furia, vértigos y vinos-
se entretenía con los bordes finos
de mis caderas, blancas de esperar.

Entonces: grave, pálido, insereno,
llegaste como llega siempre el mar
y tu mirada me rompió este seno.

Ni Dios mismo nos pudo separar:
cuando una ola te volvía ajeno
entrabas en mis piernas con el mar.

Balance – Carlos Álvarez

Mi balance señala bajo cero,
y me asusta perder hasta el idioma
para nada ganar. Mas ni una coma,
ni un punto escribiré si no es ibero
mi verso, si a su luz lo que más quiero
(la tristeza de España) no se asoma,
si en él no vibra, muerde: ésa es la toma
de conciencia que hoy hago. Lo que espero.
Y aunque a veces os hable de lejanos aunque a veces os hable de lejanos
paisajes mi palabra sin frontera,
de la verdad plural de mi camino,
siempre estará mi voz con los paisanos
de la patria en naufragio, que me espera
para que rime al suyo mi destino.

CAPECE FARAONE – Vicente Lamas

Aquel muchacho triste, huraño y sensitivo
que amó la novia trágica de Poe y de Verlaine,
se fue tras la derrota de un ensueño perdido
vistiendo sus miserias de olímpico desdén.

Bohemio trashumante, su sueño extenuativo
supo de lo divino, de lo humano también.
Capece Faraone, hermano intelectivo,
que olvidado te pudras, de los hombres. Amén.

¡Qué mala fue la vida contigo! Solitario.
tus penas arrastraste hasta el Monte Calvario,
con la dulce sonrisa de la resignación.

¡Qué mala fue la vida! Qué larga tu agonía
¿Tu delito? La gracia de soñar noche y día
y tener, como brazos, abierto el corazón.

El infierno – Félix Grande

El bien irreparable que me hizo tu belleza
y la felicidad que se llevó tu piel
son como dos avispas que tengo en la cabeza
poniendo azufre donde conservaba tu miel.

¡Cambió tanto la cena! Botijas de tristeza
en vez de vasos de alba tiene hoy este mantel
y aquel fervor, espero esta noche a que cueza
para servirme un plato de lo que queda: yel.

Rara la mesa está: La miro con asombro,
como y bebo extrañeza y horror y absurdo y pena.
Se acabó todo aquel milagro alimenticio

tras un postre espantoso me levanto y te nombro
que es el último trago de dolor de esta cena,
y voy solo a la cama como quien va al suplicio.

Pasión – Antonio Carvajal

Con estos mismos labios que ha de comer la tierra,
te beso limpiamente los mínimos cabellos
que hacen anillos de ébano, minúsculos y bellos,
en tu cuello, lo mismo que el pinar en la sierra.

Te muerdo con los dientes, te hiero en esta guerra
de amor en que enloquezco. Sangras. Y pongo sellos
a las heridas tibias, con besos, besos….Ellos
que han de quedar comidos, mordidos por la tierra.

Tal ímpetu me come las entrañas, que sorbo
tu carne palmo a palmo, cerco de llama el sexo,
te devoro a caricias, y a besos, y a mordiscos.

Ni la muerte, ni el ansia, ni el tiempo son estorbo.
El abrazo es lo mismo si cóncavo o convexo,
y yo soy un cordero que trisca en tus apriscos.