No me basta tu piel para tenerte,
bálsamo, oscuridad, labio de arena,
turbia sublevación que me encadena
al abrazo sin alas de la muerte.
No basta mi dolor, paloma inerte,
para calmar la sed que me gangrena.
Pídeme siempre más, es tu condena,
conjuro desleal para perderte.
Porque ya no me basta con tu vida.
Porque tu sangre amaso en mi locura,
yerto mi corazón, potro sin brida.
Entrégate, desgrana tu cintura
en mis labios de sal. Lame la herida
que nos labrara Amor con desmesura.
Archivos Mensuales: agosto 2026
Rusia – Julio Martínez Mesanza
Me puse a divagar y pensé en Rusia;
también pensé que el alma es como Rusia
y que son sus fronteras las de Rusia,
amenazadas por las mismas hordas.
Después pensé en un carro de combate
que avanza por la estepa día y noche
dejando sus rodadas infinitas
en los fangales del primer deshielo.
Por su torreta asoma la figura
de un hidalgo espectral y delirante
que a grandes voces desafía al mundo
y pide a Dios la salvación del diablo.
Dondequiera que te pongas – Augusto Ferrán
Dondequiera que te pongas
me tendrás que venerar,
porque yo he sido, queriendo,
la piedra fundamental.
Tan precisa es la apetencia… – Sor Juana Inés de la Cruz
Tan precisa es la apetencia
que a ser amados tenemos,
que aun sabiendo que no sirve
nunca dejarla sabemos.
Que corresponda a mi amor
nada añade, mas no puedo
por más que lo solicito
dejar yo de apetecerlo.
Si es delito, ya lo digo;
si es culpa, ya lo confieso,
mas no puedo arrepentirme
por más que hacerlo pretendo.
Mensaje a las estatuas – Ángel González
Vosotras, piedras
violentamente deformadas,
rotas
por el golpe preciso del cincel,
exhibiréis aún durante siglos
el último perfil que os dejaron:
senos inconmovibles a un suspiro,
firmes
piernas que desconocen la fatiga, músculos
tensos
en su esfuerzo inútil,
cabelleras que el viento
no despeina,
ojos abiertos que la luz rechazan.
Pero
vuestra arrogancia
inmóvil, vuestra fría
belleza,
la desdeñosa fe del inmutable
gesto, acabarán
un día.
El tiempo es más tenaz.
La tierra espera
por vosotras también.
En ella caeréis por vuestro peso,
seréis,
si no ceniza,
ruinas,
polvo, y vuestra
soñada eternidad será la nada.
Hacia la piedra regresaréis piedra,
indiferente mineral, hundido
escombro,
después de haber vivido el duro, ilustre,
solemne, victorioso, ecuestre sueño
de una gloria erigida a la memoria
de algo también disperso en el olvido.
Se acabó el realismo sucio – Noemí Trujillo Giacomelli
Se acabó el realismo sucio,
las notas autobiográficas.
Aunque me duela por dentro
la vida que llevo a mis espaldas,
hayan desaparecido los muelles
y mi carácter portuario,
voy a buscar la luz
en los cafés,
en las calles peatonales,
en las galerías de arte.
Voy a vivir Nueva York
y a escribir Nueva York
sin dejar que mi estado vital
se filtre en mis poemas.
Voy a olvidar
lo que no me gusta de mi vida,
a coser heridas,
a caminar por estas calles
donde no llega la luz del sol
y la gente, al pasar, no se mira.
Voy a cambiar mis acordes secretos,
voy a ser música.
Ofrenda – Tere Medina
Amor, amor… que sea mi erotismo
el postrer homenaje a tu existencia:
que se cumpla en mi carne el puro rito
de esa carne que hoy vuelve hacia la tierra.
El barco del agua – Pureza Canelo
Si escribo tan oscuro, tan dentro,
será por esa duda
que vegeta en la cuesta
del hombre que camina
y otro tobogán reaparece.
Los misterios se atreven
a una labor
del inocente que los prolonga.
¿Quién no está tentado, convencido,
de bajar por la cuerda
al pozo que nos mira desde arriba?
¿Alguien que era ciego
no abrió su maleta
en el campo esperando
el terrible adorno de la luz?
Pero ni siquiera se me puede consentir que explique,
porque la moneda cayó antes del dominio
propio de la palabra.
Playa de El Palo – Antonio Gala
Aún eres mío, porque no te tuve.
Cuánto tardan, sin ti,
las olas en pasar ...
Cuando el amor comienza, hay un momento
en que Dios se sorprende
de haber urdido algo tan hermoso.
Entonces, se inaugura
–entre el fulgor y el júbilo–
el mundo nuevamente,
y pedir lo imposible
no es pedir demasiado.
Fue a la vera del mar, a medianoche.
Supe que estaba Dios,
y que la arena y tú
y el mar y yo y la luna
éramos Dios. Y lo adoré.
EL LUGAR «ARMONÍA» – Ernesto Cardenal
Él iba despacio porque llegaba demasiado temprano
y ella iba aprisa porque llegaba tarde.
Él iba por una carretera y ella por otra
y los dos autos chocaron en la intersección
de las dos carreteras (el lugar llamado «Armonía»).
El policía dijo que las probabilidades de accidente
habían sido «una en un millón»,
porque las dos carreteras eran muy anchas en ese sitio
y los conductores de los dos vehículos
debieron haberse visto venir perfectamente
«a no ser que los dos hubieran ido distraídos
pensando en el lugar adonde cada uno se dirigía...»
Pero el policía no sabía que él y ella se habían dado cita
y que los dos autos que chocaron se dirigían al mismo lugar.
La casualidad fue mucho mayor que como creía el policía:
no una en un millón ni una en un billón
sino una en un infinito de probabilidades
o bien no había casualidad ni había probabilidades
y lo sucedido no podía haber sido de otro modo:
él y ella se habían dado cita
y llevaban sus relojes sincronizados
y fueron demasiado puntuales a la cita.
Eso es todo.